Debutó en Instituto, llegó a pesar 47 kilos por enfermedad y no renuncia
La historia de Valeriano Uriarte Buteler, volante central que debutó en 2013 en la Gloria. Una infección en el sistema digestivo lo obligó a dejar de jugar por un año y medio. Volvió en la Liga Cordobesa y no baja los brazos.
La vida es para los que insisten y para los que nunca, jamás, bajan los brazos.
Lo sabe muy bien Valeriano Uriarte Buteler (23 años, nacido en Valle Viejo, Catamarca). Un pibe al que la vida se ha encargado de darle lecciones de las fuertes, las que movilizan.
Pero jamás ha renunciado. Y los que lo conocen saben que nunca lo hará. Por eso está acá, de pie, luego de superar una infección del sistema digestivo que le complicó la vida cuando todo marchaba tal cual sus sueños.
Había llegado a debutar en la Primera de Instituto en el 2013 y su anhelo de ser jugador profesional caminaba bien. Pero esa enfermedad lo sacó de las canchas por un año y cinco meses.
Hoy, sigue transitando su camino y fue parte del gran año que tuvo la primera local de Instituto en Liga Cordobesa de Fútbol, donde volvió a demostrar sus condiciones.
Pero su vida ya no es solo la "pelotita". Cada una de las barreras que tuvo que superar lo obligaron a ver la vida desde otro lugar. Y así lo cuenta a quien quiera escuchar.

"Mi primer club a nivel oficial fue San Martín del Bañado, de Catamarca. Después fui a Ateneo Mariano Moreno. Yo jugaba mucho en el barrio y después en los clubes no me sentía libre. Dos de mis amigos jugaban en Ateneo y decidí ir por esa razón. Ahí era más feliz porque estaban mis amigos. Con 13 años debuté en Primera en el Ateneo, de lo que acá es la Liga Cordobesa. Era muy chico. Fue un salto que marcó muchísimo", cuenta el "Cata", como lo conocen todos en Alta Córdoba y el predio de La Agustina.
Valeriano, hijo de Víctor Hugo y Gabriela, con el club Ateneo tuvo la oportunidad de jugar el Torneo del Interior (lo que ahora Federal "C") y lo hizo con 15 años. Todos le auguraban un gran futuro.
Ahí aparecería Instituto en su vida: "En el 2009 vine por primera vez a Córdoba a hacer una prueba en Instituto. Y me pidieron que venga al año siguiente. Jugué el Torneo del Interior hasta los 32 avos de final. Y luego regresé a Córdoba", agrega.
"Mi hermano (Juan Francisco) estaba estudiando en Córdoba y me vine a vivir con él. Me sumé en sexta de AFA. Estaba de técnico el \'Tata\' Alaniz. Yo siempre jugué de volante central. Jugaba con un tal Paulo Dybala, Gustavo Gotti, Emiliano Castro, Brian Olivera, entre otros. En un campeonato a Chile fui el capitán del equipo. Nos sirvió a todos muchísimo ese torneo".
En su formación, tuvo dos entrenadores muy importantes como César Zabala y Daniel Mira, cada uno en distintos momentos de su carrera. "Fueron muy importantes con sus respectivas enseñanzas".
Valeriano debutó oficialmente en un partido de Copa Argentina contra Deportivo Morón, en San Juan, en marzo de 2013 en una derrota 2-0 con gol de Wanchope Ábila.

"El 2012 fue muy bueno en inferiores de AFA. Ahí se rumoreaba que algunos jugadores de la cuarta iban a ir a Primera y me dijeron que iba a estar en la lista de pretemporada. Pero después no figuré. No me caí y seguí en cuarta en 2013. Ahí fue que Maxi Correa estaba lesionado, Nico Delmonte estaba también afuera por lesión. Y había únicamente tres volantes centrales. A (Frank) Kudelka, que era el técnico, le faltaba un volante y me llamó. A él le gustó, anduve bien en las prácticas y me dijo que oficialmente estaba en el plantel de AFA. Fue uno de los días más inolvidables de mi vida. Fue la concreción de siete años de lucha".
Tras el debut por Copa Argentina, luego le tocaría entrar en un partido ante Huracán en Parque Patricios, rindió y jugó ante Ferro, a la fecha siguiente.
"Desde ahí no volví a jugar en Primera de AFA. Desde el 2013 estoy en la primera local. Ahí me hicieron mi primer contrato por dos años y medio. Hasta mitad de año del año pasado. Ahora estoy sin contrato. No me renovaron".
En el medio, tuvo que jugar el partido más difícil. Uno que todavía está disputando.

"En 2014 jugando en la local yo comencé a notar que me cansaba más de lo habitual en los partidos y los domingos estaba muy cansado. Me parecía muy raro. Estaba desganado. Comecé a perder peso. Yo no quería ver lo que pasaba. Pero la verdad es que estaba en un proceso de enfermedad manifestado. Ahí dije: \'ya está\'. Tenía algo. Ahí inicié un gran y pesado viaje de hacerme análisis, donde todas las cuestiones que aparecían no daban con la enfermedad".
Le hicieron decenas de estudios y todos los médicos le daban una misma respuesta: no le daban un diagnóstico claro.
Llegó a pesar 47 kilos, cuando su peso habitual siempre fue 58.
"Yo no veía el problema, entonces no veía la solución. Después de tantos estudios, decidimos con mi viejo a fines de 2014 ir con una gastroenterológa más. Llevé una montaña de estudios. Y me dijo que tenía que hacerme todos los estudios de nuevo. Ahí empecé otro camino y le dije a los médicos del club que no iba a hacerme más estudios. Que iba a pasar las fiestas en Catamarca. En ese momento quería festejar. Estuve seis meses haciéndome análisis y estudios... Lo que produjo el cambio no fue otra cosa que mi elección de ir por otro camino, que implicó no depender de los médicos. Finalmente, en Catamarca encontré la solución. Apareció la médica justa. Me propuso soluciones. Y ahí arranqué el proceso de sanación".
El diagnóstico que tuvo, para la ciencia médica, fue una infección en el sistema digestivo.

"La enfermedad tuvo mucho que ver con lo mental. El proceso ahora sigue. No es que estoy hiper sano y no tengo más enfermedad. Mi recorrido en este otro camino no terminó. Sigo con mi deseo de seguir creciendo... Lo que yo veo que produce soluciones, en mi vida, es no depender de otros".
Actualmente, Uriarte está dando clases de fútbol en una escuelita de fútbol del Tano Spallina, con chicos de 5, 6 7 años. También estudia en la escuela "E.D.I.P.O.". "Ahí aprendo a recorrer otro camino desde mi. Y eso plasmarlo afuera".
"Yo no renuncié a seguir jugando cuando se me presentó la oportunidad de dejar de jugar. Luego de eso, hubo momentos donde me pregunté si seguía jugando o no. Yo no renuncié ni renuncio. Siento que no se cerró mi ciclo como jugador. Yo antes soñaba pero estuve con 47 kilos y sin jugar un año y cinco meses... Esta temporada jugué casi todos los partidos de la primera etapa del campeonato de un Instituto que fue el mejor de todo el campeonato. Siento que estuve a la altura. Eso me da orgullo", cuenta el "Cata".
Lleva siete años en la Gloria y aprendió a querer los colores: "me encanta el club, me encanta Instituto. Mi intención es seguir en el club".
"Contar mi historia en esta nota es para seguir creciendo, si eso les sirve a otros para no renunciar a seguir creciendo, mucho mejor".
En algún lugarcito del país, algún pibe que está pensando en dejar de jugar por alguna contrariedad quizá sepa de su historia. Y siga adelante.
Eso hizo Valeriano Uriarte Buteler, el jugador que nunca renuncia.