De viaje, a lo Belgrano: la "B" está en octavos de final de la Copa Sudamericana
Dos goles de Bieler y un Olave clave para el 2-0 a Estudiantes. Ahora, Coritiba.
La mole de cemento que es el estadio Kempes se sacudió como nunca lo había hecho: fue una noche de fiesta para el fútbol de Córdoba cuando el árbitro peruano Carrillo pitó el final del partido, porque Belgrano jugará los octavos de final de la Copa Sudamericana ante Coritiba después de ganarle 2-0 a Estudiantes.
Lo habían dicho una y otra vez los jugadores a lo largo de la semana: “Hay que jugar con el corazón”. Y así lo hicieron. Porque cuando las cosas se habían complicado en cancha, apareció el esfuerzo, la garra y el empuje de la gente, con ese aliento que ensordeció a todo Córdoba y que inclinó la cancha.
“Tomala vos, Damela a mí, el que no salta no va a Brasil..” Así será: la caravana celeste tiene ahora destino internacional, como lo soñaron por mucho tiempo sus hinchas, sus jugadores y sus dirigentes. El pecho y la mano de Olave en una tapada doble cuando el partido estaba 0 a 0, valieron tanto como los dos goles de Bieler. Porque al equipo se lo sostiene entre todos y así lo entiende este Pirata que, apuntalado en su amor propio, sacó adelante un partido muy complicado.
Los nervios no fueron un buen consejero para Belgrano. Cada balón se intentó jugar con intensidad, pero se confundió con apresuramiento y los errores fueron cometiéndose en forma sistemática en el borde del área de Andújar.
El cero en el marcador hacía crispar los nervios de los hinchas y de los futbolistas, quienes no podían entender cómo todo el conjunto platense hacía tiempo y dejaba de lado toda intención de jugar.
Las gargantas se enrojecieron de tanto insultar al referí peruano que “compró” cada simulacro de los albirrojos. Pero el aliento no se detuvo y las voces de esperanza se multiplicaron para darle fuerza a los de celeste, que de a ratos se “pasaron de vuelta” y cometieron errores que parecieron suicidas, pero que no lo fueron por falta de puntería de los atacantes visitantes.

De repente fue una ráfaga de velocidad y aciertos ofensivos para que la historia cambiase de rumbo. Pateó Suárez, hubo mano, penal y gol de Bieler. “El Pincha” sintió el golpe en el mentón y cuando se quiso acomodar, otra vez el goleador, que la había tocado poco, la clavó junto al poste y el festival se instaló en las tribunas.
La sangre corrió por las venas de los hinchas a velocidad récord. La clasificación quedó al alcance de todos. Las trompetas sonaron en la cabecera más alegre del estadio y la euforia era dueña del escenario.
Estudiantes se aturdió y su invicto de 16 partidos se quebró. Su valla en cero se derrumbó por los cañones de Bieler, de repente todo fue celeste y entonces apareció el “otro Belgrano”, el que representa a todos los hinchas, el que juega con lo que ponen los hombres, ese que se multiplica en el esfuerzo y el sacrificio, el que se paró con el pecho inflado para lograr el objetivo soñado.
La última bola pasó por enfrente del arco de un Olave que se había agigantado con el partido y cuando la de cuero chocó contra los carteles, la alegría se soltó en las 26 mil almas presentes y los miles y miles de piratas diseminados en el resto del planeta.
El pase de fase en la Copa Sudamericana se hizo realidad, el pasaje a la siguiente ronda del torneo continental se logró, como le gusta decir a la gente de Alberdi: “A lo Belgrano”. Porque cuando más fea se había puesto la cosa, más garra y corazón sacó, como para tumbar a un adversario que quiso ser dueño del escenario y sucumbió.
Las manos de Olave, la garra de Lértora, las ganas de Luján y los goles de Bieler son la síntesis de un Pirata que jugó para hacer realidad un paso más en su sueño y lo concretó.