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Cuando un amigo se va

La demolición del Autotrol se lleva consigo una pila de recuerdos deportivos, artísticos y sociales.

29 de diciembre de 2010 a las 08:59 p. m.
Cuando un amigo se va
El día de su estreno. El 16 de mayo de 1978. Fue su primer mensaje.

"Expresión acabada de formidable cibernética es el tablero electrónico de anuncios visuales instalado en la cabecera norte del Estadio". Así definía La Voz del Interior, en su edición del 4 de mayo de 1978 al tablero electrónico que ayer, a 32 años y medio de su fastuosa puesta en funcionamiento fue demolido en cuestión de segundos. El proyecto de remodelación del Chateau ya le había dictado la pena capital: no tenía cabida en la modernidad del Mario Kempes.

El gigante de 22,54 metros de ancho por 10 de alto fue la vedette de aquella jornada inaugural del 16 de mayo de 1978, cuando se presentó en sociedad. Ganó más miradas que las gambetas y los goles del "Matador" y desde entonces los hinchas tuvieron en él un aliado de "fierro": en su pantalla se informaban los goles de los otros estadios, el tiempo de juego, además de publicidades y otros detalles "domésticos", como recomendaciones de comportamiento o la identidad y el paradero de un niño extraviado.

El Autotrol, como lo bautizaron las autoridades militares de la época (era el nombre la marca de empresa nacional que proveía las piezas de armado del tablero, importado de Estados Unidos a la empresa Stewart Warner), ya había deslumbrado en Alemania \'74 y para el mundial argentino no podía faltar. Tenía tecnología de vanguardia y era idéntico al que se instaló en River por una cuestión secreta que por aquellos años se guardaba bajo llaves: el Estadio Córdoba (como se lo bautizó en febrero de 1978) figuraba como escenario alternativo de la final para el caso de que en Buenos Aires se produjeran atentados.

En sus días de estreno, Carlos Schein era uno de los operadores de turno y él fue el encargado de mostrarle todas las bondades del Autotrol a los periodistas acreditados de La Voz del Interior. Junto a él, Mario Luna fue el encargado de leer la información adicional a la que se publicaba en las pantallas.

Aquel gigante de cemento y lamparitas que acompañó a las grandes jornadas deportivas, artísticas y sociales es desde ayer un montón de escombros. Su sucesor, a todo color y en alta definición, comenzará pronto su reinado.

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