El cruce que nadie esperaba y una cancha despoblada
La segunda semifinal de la Copa América se jugó en Mendoza con muy poco público. Quizá con la menor concurrencia en todo el torneo. Todos esperaban el choque Chile-Brasil, sobre todo del otro lado de la cordillera, pero fue Paraguay-Venezuela y hubo sólo
El estadio Malvinas Argentinas de Mendoza esperaba otra fiesta. El partido soñado era Chile-Brasil, los candidatos en los papeles previos y que, al igual que Argentina, se quedaron con las ganas en los cuartos de final de esta rara Copa América.
Los casi 45 mil lugares que tiene la remodelada cancha mendocina, con aquel encuentro de semifinales, hubieran estado repletos.
Pero no pudo ser y anoche las tribunas se vieron bastante despobladas para observar a Paraguay contra Venezuela.
Sebastián Rozental, aquel rubio delantero que jugara en Independiente y en la selección chilena, entre otros equipos, ahora comenta fútbol para la TV de su país. Ya sin tanto pelo, pero con buenos análisis, le comentó a Mundo D sobre la desazón de no tener a su país en esta instancia.
"Seguramente 30 mil chilenos hubieran estado alentado a la Roja. Una lástima. Hicimos méritos, pero Venezuela pasó", expresó minutos antes del encuentro entre paraguayos y venezolanos.
Es que nadie esperaba el choque que se dio anoche. Como ejemplo está lo que le contó Walter a este enviado especial. Emponchado con un gorro, una campera y una bandera de Venezuela, el hincha del país de Hugo Chávez no tenía la tonada típica de ese caribeño terruño.
"Soy mendocino, pero mi señora es venezolana", contó entre risas. Al ser consultado si había estado brava la reventa de entradas, Walter fue muy sincero: "Las regalaban. Por lo menos a nosotros, que somos un grupo de 20 personas, fuimos al hotel donde paraba la selección de Venezuela y al identificarnos con ese país, gente de la delegación nos dieron boletos que les sobraban. Así que, acá estamos para seguir sorprendiendo al continente con este modesto equipo".Además, Walter agregó otro dato que pinta por completo la expectativa del partido de anoche en el Malvinas Argentinas.
"Mientras Chile seguía con 'vida' y existía la chance de que jugara la semifinal acá, a una platea la vendían a 2 mil pesos, cuando en boleterías apenas pasaba los 200. Desde el domingo pasado, cuando Venezuela dejó afuera a los chilenos, a esas entradas las ofrecían al costo o a un precio menor", contó este mendocino hincha de la Vinotinto.Sabiendo de lo estricto que fueron los organizadores en partidos anteriores de la Copa América, Mundo D llegó temprano a la cancha, recorrió la sala de prensa del estadio y luego se dirigió al sector de los pupitres, buscando la ubicación correspondiente.
Al consultar a una de las voluntarias, para que nos guíe al lugar correcto, muy suelta de cuerpo nos contestó: "Sentate donde quieras. Total… van a sobrar los lugares". Y fue tal cual. Sin los grandes candidatos en cancha, hasta los medios de prensa dejaron de cubrir el mayor evento de selecciones en esta parte del planeta.
En ese marco se jugó la segunda semifinal de la Copa América en Mendoza. Sin Chile (que iba a jugar de local en el Malvinas Argentinas) ni con Brasil (la selección que venía de ganar los últimos dos torneos continentales), con escaso público en las tribunas y con una ciudad que estaba más expectante por celebrar el Día del Amigo o saber cómo se termina de armar Godoy Cruz para jugar el próximo Torneo Apertura de Primera División, que por ir a tomar frío para ver el segundo finalista de la Copa que saldría del partido entre Paraguay y Venezuela.

