En Córdoba vivimos la noche en la que volvió a ser Messi
Lionel se reencontró con su mejor versión anoche en un repleto Mario Kempes. Halló en Fernando Gago a un gran socio. El del Real Madrid hizo jugar al del Barcelona y este, al resto del equipo. “Olé, olé, olé, Messi, Messi...”, fue el grito que más se escu
Casi como en un aviso clasificado, Lionel Messi pedía: "Necesito socios. ¿Señas particulares? Que en la medida de lo posible me entreguen el pase redondo y que no se escondan. Nada más. Llamar a Sergio Batista o dirijirse a su cuenta de twitter @batistachecho".Y un día el deseo se le cumplió. Fernando Gago apareció con el diario en la mano y listo para hacer aparecer al genio. Esa referencia y el apoyo incondicional de los 57 mil espectadores que colmaron anoche el Estadio Mario Alberto Kempes fueron el prólogo perfecto.
El ex Boca Juniors sabía que el rosarino necesitaba de ese primer pase para que no viniera tan abajo a buscar la pelota y así perder la gravitación del tipo que es sinónimo de gol en el área.
La gente, a puro "olé, olé, olé, olé, Messi, Messiii...", esperaba que el genio apareciera, en el peor momento de la selección, cuando el equipo debía crecer futbolísticamente a riesgo de quedar al borde de la eliminación y del papelón continental, nada menos que siendo el anfitrión del torneo.
Era un reto, pero Argentina lo pasó y Messi, también. La redonda tuvo un destino claro; el equipo, un circuito de juego, y el crack, una noche de reencuentro.
A Gago lo que es de Gago
Lo de Gago para Messi fue tan clave y necesario como el agua en el desierto.
Costa Rica (aunque su DT Ricardo La Volpe hizo que fuera más pobre que otra cosa) armó una empalizada, lista para detener al rosarino y a todo aquel que se atreviera a cruzar por ahí. Eran 10 jugadores de camiseta roja detrás de la línea de la pelota.
Todo para reducirle los espacios al mínimo. Pero el mediocampista de Real Madrid se hizo cargo de la redonda y aprovechó que nadie lo marcó para encontrar a "Lio". Tenía su dirección y se la dio en el espacio que necesitaba. De frente al arco, a un costado para progresar con su gambeta o listo para construir una pared.
Gago lo hizo jugar, y Messi hizo lo propio con todo el equipo. No importó que el juez peruano Víctor Rivera diera licencia para pegarle. Messi fue Messi y Argentina cambió.
Esa chispa encendió el fuego sagrado del rosarino. Y de sus tantas versiones gravitantes eligió la del asistidor. Con dos de esos pases quirúrgicos permitió que Sergio Agüero y Ángel Di María anotaran el 2-0 y 3-0, respectivamente. Sólo esos pases terminaron en gol.
Antes y después, hubo al menos siete ocasiones más en las que el mejor jugador del mundo puso a sus compañeros de cara gol.
Pero como en el caso de Gonzalo Higuain, no estuvieron en su noche.
Tan generoso fue el “10” que cuando entró Ezequiel Lavezzi lo recibió con una asistencia, pero el tiro final del “Pocho” pegó en el palo y salió.
Para cerrar su noche a Messi le faltó el gol, el que tuvo en el primer tiempo. Pero su tiro se fue alto.
"Hay que aprovechar a Messi lo mejor que se pueda", había dicho el DT Batista. Y por una vez se le cumplió el deseo. Como al rosarino. Fue el día que volvió a ser Messi. Que dure.