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Copa Amistad: Belgrano, por obligación

Con el peso de la lógica. La “B” impuso su favoritismo en el segundo tiempo, cuando marcó la diferencia de categoría sobre la “T”.

21 de julio de 2014 a las 08:15 a. m.
Copa Amistad: Belgrano, por obligación
Belgrano marcó diferencia, le ganó 3-1 a Talleres y se quedó con la Copa Amistad. Ayer, en el Kempes, hubo unos 30 mil hinchas (Foto: Ramiro Pereyra).

Un primer tiempo para el bostezo y para intentar adivinar de qué se trata eso de la diferencia de categoría y un segundo tiempo entretenido, con goles, y con la respuesta a la adivinanza anterior.La 391º edición del clásico cordobés dejó, además del 3-1 con que Belgrano ratificó su mejor presente futbolístico, el mensaje de que el derbi de la Docta puede ser una fiesta para todos, por más que la hinchada de Talleres insista con empañarla por su condenable perfil xenófobo.

La “B” debió esperar hasta los segundos 45 minutos para reflejar en la pizarra la lógica diferencia que, se supone, debe existir entre equipos distanciados por dos divisionales. A esa altura, y después de que Ricardo Zielinski rearmó su planteo con un dibujo más ofensivo –ingresó Lucas Zelarayán por Federico Álvarez y paró una línea de tres en el fondo–, Belgrano pudo definir el juego en una ráfaga.

Claro que para ello contó también con la colaboración del estatismo de la defensa de Talleres en un par de pelotas paradas que derivaron en los goles de Lucas Parodi (8m) y Jorge Velázquez (14m).

El golazo de Elías Bazzi desde unos 50 metros (36m), cuando la “T” ya jugaba con 10 por la expulsión de Julio Mozzo, amagó con cambiar la alegría de tribuna, pero cuando los de barrio Jardín se ilusionaban con la hazaña, llegó otro gol para aplaudir: el del “Picante” Pereyra, quien clavó la pelota en el ángulo del arco de Federico Costa y definir el juego en tiempo de descuento.

Una postal

La presentación de los equipos reflejó fielmente la actualidad de los tradicionales rivales. Cuando el locutor anunció la formación de Belgrano, dos referentes del Pirata, Juan Carlos Olave y César Pereyra, fueron eje de los mayores aplausos (de la hinchada celeste) y los mayores abucheos (de la del rival).

Pero enseguida, a la hora de conocerse la alineación albiazul, quedó en evidencia su estado de equipo en formación. Ninguno de sus jugadores pudo ser foco de muestras de cariño propio o rechazo ajeno. Desconcierto total.

"Después de malacostumbrarse con el Mundial, esto parece otro deporte", tiró un colega en el entretiempo después del aburridísimo primer tiempo.

Y la nostalgia por la Copa del Mundo se notó en un par de detalles: la adaptación que la barra de Alberdi hizo del “decime qué se siente” y el coro del Himno Argentino que ensayó la tribuna albiazul imitando a la “torcida” nacional en Brasil, para “diferenciarse” de sus primos a los que le achacan otra nacionalidad.

Pasando en limpio

Belgrano, el único que tenía cosas por perder en el partido de ayer, salvó su compromiso sin sobrarle demasiado. Ganó por obligación y con la satisfacción de aumentar a dos triunfos su supremacía en el clásico (133 a 131).

Talleres, en cambio, se fue con una derrota previsible y sin mayores respuestas (positivas o negativas) sobre el semestre que se le avecina, donde deberá encarar el desafío del regreso a la B Nacional.

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