Con una goleada nace un nuevo Talleres
5-1 a Libertad de Sunchales. Álvarez, Cosaro, Navarro y Díaz marcaron en un equipo con mayoría de jugadores propios. Aranda hizo el 3-1 tras un buen pase de Zárate. A ambos, que definieron el partido, los hinchas les facturaron la eliminación del nonagona
Fabio Álvarez levantó la vista y vio al Mundo Talleres convertido en una bola de fuego. La utopía del nonagonal (que se esfumó con el triunfo 2-0 de Brown sobre Central Norte en Salta), el limbo de los partidos por jugar para subir por la promoción, los nervios propios de un pibe de 18 años, los del equipo con muchos chicos del club y pibes que debían hacerse hombres ya, los foráneos postergados y la gente embroncada con aquellos que amó al principio.Todo eso cabía ahí, en esa pelota."¿Cuánto duraría?", le preguntaba "el Negro" de Corral de Palos a Sebastián Navarro, otro producto genuino del club, también encargado de formar "la" sociedad que debía emerger en el nuevo Talleres, de sangre albiazul, una apuesta arriesgada tras el 0-1 con Huracán (TA).Imposible saberlo, pero ambos empezaron a domar el Mundo Talleres, a los tres minutos de juego. El "10", aquel que hasta Tres Arroyos era para llevarlo de a poco y ayer con Libertad de Sunchales estaba listo, combinó con Navarro, el mismo que increíblemente fue postergado en los primeros partidos del nonagonal, se combinaron entre ellos. Nery Leyes, otro valor genuino, pasó como un tren, mandó el centro y Álvarez la mandó adentro, tras un rebote en José Vaudagna.
El 1-0 calmó a muchos, pero no a todos. Un ratito después ingresó la barra brava y colgó sendas banderas que decían: "Sigan de vacaciones, la gente el mejor jugador" y "Jugadores gracias por nada, renuncien".
La factura era para los foráneos, aquellos que progresivamente fueron postergados. Desde Martín Seri y Fabio Pieters, pasando por Ignacio Anívole, Lisandro Sacripanti y hasta los últimos Adrián Aranda, Cristian Zárate e Ignacio González Barón, mientras Talleres se bajaba del ascenso directo.
Sobre todo estos últimos, mandados al banco después que el presidente del Fondo de Inversión, Rodrigo Escribano, les dijera que no había dudas con ellos ni con el DT Gustavo Coleoni, quienes habían sido duramente cuestionados por varios miembros del Fondo, entre ellos Ernesto Salum.
Los insultos de la "popu" pasaron a la platea, toda vez que el DT los hizo calentar. El 2-0 de Cosaro (penal y expulsión de Roldán por falta a Riaño, habilitado por Navarro) lo llevó a festejar el gol con el banco, con aquellos apuntados como Zárate, Aranda y Sacripanti.Y el 2-1 de Marcos Quiroga volvió a convertir la pelota en aquella bola de fuego. ¿Quién resolvería la cuestión? Coleoni mandó a la cancha al "Tato" y al "Bati".
Ellos, que eran silbados cada vez que la tocaban, se combinaron para lograr el 3-1. Bien por ellos, también. Festejo reducido y a seguir. Talleres cruzó al camino de la goleada que redondearon el propio Navarro y Agustín Díaz, otro jugador del club.
En el peor momento –el que determina que hay que finalizar lo mejor posible en el nonagonal para tener ventaja deportiva en la "promo"– Talleres goleó con un equipo nuevo con mayoría de jugadores propios. Tan impensado como aquel 1-5 ante Brown. Así es el Mundo Talleres.
