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Coleoni, el estratega

Vuelve nuestro columnista "Nacho Malondón". Esta vez hace un análisis sin concesiones sobre la actualidad de Talleres.

18 de mayo de 2011 a las 12:31 a. m.
Nacho Malondón
Coleoni, el estratega

Qué tienen en común Wenger, Guardiola, Del Bosque y Coleoni?: Nada. Aun así, Coleoni firma la planilla como D.T. de Talleres.

No es intención de esta columna menoscabar los antecedentes de Gustavo Coleoni, cuyo mayor mérito es haber sido mascota de aquellos grandes equipos albiazules de la década del \'70. Intentamos entender por qué alguien contratado para entrenar un equipo desde hace meses, recién ahora va a jugar "por lo porotos", tal su locrífera descripción.

¿Será que lo de Coleoni es solo una estrategia, una genialidad tendiente a confundir a los contrarios, a hacer creer al país que su Talleres es un equipo timorato y confundido, solo para arrasar en esta Tercera Fase del Argentino A?

¿Será la suya una artimaña "Locomotora Castro Style", de hacerse el noqueado para golpear cuando menos se lo espera?

¿Será que la misión de Coleoni es fracasar en instancias previas a una final, para evitar una nueva frustración a la sufrida hinchada albiazul?

Si la respuesta es esta última, convengamos que tiene en su plantel algunos nombres que aseguran esta empresa; veamos:

Ribonetto: hay rumores que señalan que es un cyborg del futuro, destinado a desterrar la buena gestión defensiva. Sus movimientos en la cancha parecen darle la razón a este trascendido, dada su elasticidad y coordinación fina (o la total carencia de ellas). Tiene un poder de destrucción tal que es capaz de arruinar la caja negra de un Boing solo munido de un hisopo. No hizo divisiones inferiores, lo cual es una linda de color, pero se nota. Gran precisión para hacerse echar cuando el equipo mas lo necesita.

González Barón: los jugadores uruguayos son reconocidos en el mundo por su espíritu indomable. Tememos que González Barón haya nacido en la frontera con Brasil. Hay quien dice que es un esquimal que falsificó un pasaporte para jugar en el Mercosur. Posee, eso sí, otra característica de los orientales: su extrema rusticidad. En varias oportunidades Coleoni estuvo en la duda de poner a marcar punta al uruguayo o a un ficus que había en la sede social; versiones indican que al ficus nunca le llegó el transfer.

Ruiz: la realidad de Talleres es tan paupérrima que Ruiz está a punto de desbancar a la Wanora Romero en el panteón de ídolos del club. Voluntarioso y abnegado pero ciclotímico, debería jugar con un acompañante terapéutico al lado, lo cual se prevé no será autorizado por AFA. La hinchada lo ha tomado como fetiche ante tanta carencia y Ruiz responde con aportes nulos desde lo futbolístico pero que cotizan entre los mayoristas de la venta de humo. Hace méritos para tener su partido homenaje; desde acá postulamos que sea la semana que viene, a mas tardar.

Aranda: al que lo bautizó "Bati" habría que buscarlo por crímenes imprescriptibles y condenarlo por estafas reiteradas. Alguien debería presentarle a este señor a la pelota y hacerle una visita guiada al área, sus adyacencias y accidentes geográficos. Alguien debería inscribirlo en el curso: La Definición, esa materia esquiva. Alguien debería hacerse responsable por haberlo contratado.

Zarate: nada que achacarle, excelentes actuaciones, presencia perfecta, gran movilidad, voracidad para atacar. Dicho esto sobre su accionar en los locales de ropa deportiva de los shopings, hay que decir que lo de Zarate en la cancha es el mayor fiasco en Talleres desde Marcelo Trobbiani. Sin pegada, sin gambeta, sin pique corto, todo lo que le queda es su presencia física y claro, mide 1.60. Inexpresivo hasta la desesperación, un Juanita Viale del Argentino A.

Lo cierto es que Talleres sigue fiel a su historia y dilapidando ocasiones una tras otra. Lamentablemente, los Álvarez, los Navarro o los Díaz no parecen suficiente para contrarrestar la pesada carga de la historia. No con Coleoni en el banco.

Pero el fútbol se nutre de lo impensado. Baldassi dirigía el super-clásico y finalmente no pudo hacerlo. ¿Sería mucho pedir, en este caso, una buena apendicitis?