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Central-Belgrano, el juego del miedo

Estrés rosarino. La necesidad de una victoria llenó de tensión a los hinchas de Central.

27 de febrero de 2011 a las 08:21 a. m.
Luis Heredia, enviado especial a Rosario
Central-Belgrano, el juego del miedo

El Gigante de Arroyito se fue llenando de a poco de hinchas y pasión canalla, y en la misma medida en que sus tribunas se cubrían aumentaba el nivel de tensión que se percibía con sólo poner la palma de la mano sobre el cemento tribunero.

Cuando faltaban segundos para el inicio, había tanta tensión como pasión, tanta tensión como hinchas. Y el desencadenante de semejante clima no era otro que un resultado que Rosario Central debía conseguir: la victoria.Con el equipo a mitad de tabla y con dos derrotas consecutivas en medio de un marco de irregularidad deportiva, el nerviosismo nublaba la vista de muchos de los simpatizantes centralistas que ingresaban a la cancha tornando inimaginable (o quizás sí) lo que podía llegar a pasar si no se conseguía el triunfo.

"El empate no sirve", bramaban los relatores locales antes y durante el partido. "Hay que ganar como sea", era la consigna que repetían los hinchas cuando se reconocían en los pasillos que llevaban a las tribunas, como si se tratara de un santo y seña. Ayer, en el Gigante, no se concebía otra posibilidad que no fuera ganar.

Así se vivió entonces el choque Central-Belgrano en Rosario, con detalles que sirven para graficar el estado de ánimo reinante, como el de los plateístas que amagaron con sentarse, pero terminaron viendo todo el partido parados.

Y es que nadie se animó a sentarse, ni cuando Central se llevaba por delante a los cordobeses en el primer tiempo (por el entusiasmo seguramente) ni cuando el gol del "Mudo" Vázquez puso la cuota de incertidumbre y el equipo local (y toda su gente) se sintió vulnerable y cercano al temido empate.

El Gigante fue ayer un estadio que festejaba ruidosamente las faltas que el árbitro le cobraba a Belgrano (aún las que los jugadores celestes no cometían), que se ofuscaba ruidosamente cuando alguno de sus discretos jugadores lanzaba una pelota sin destino o al saber que había seis minutos de alargue.

Ese nerviosismo propio de hinchas al borde del desborde, dio empuje a la alegría final, un sentimiento con alto contenido de alivio. Porque ayer, Central y también Rosario, respiraron aliviados.

Fuera de juegoMirá quién vino. Diversas fuentes confirmaron que ayer, en medio del núcleo duro de la barrabrava, se había concretado el regreso a la tribuna de su líder Andrés "Pillín" Bracamonte, quien recuperó su libertad luego de ocho meses de cárcel tras ser deportado de Sudáfrica durante el pasado Mundial. A Bracamonte la Justicia le había impuesto una condena de dos años por amenazas coactivas contra un empleado del club. Se asegura que ayer disimuló sus rasgos con anteojos y una peluca.La reserva también. En el partido de los remanentes que se jugó ayer por la mañana en el predio de Central, en Arroyo Seco, el triunfo también le correspondió a Central y por el mismo marcador: 2-1. El juvenil delantero Tobías Figueroa marcó el gol pirata.Embotellamiento. El acceso de la prensa a los sectores de vestuarios se vio entorpecido por la presencia de hinchas locales que pretendían ingresar al sector y de periodistas que por errores de organización no habían recibido una pulsera amarilla que les habilitaba el paso. El choque con los controles y los policías que custodiaban celosamente el paso fue inevitable y si bien la cosa fue subiendo de tono, no se pasó a mayores.

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