Carlos Ramacciotti: Algún día voy a volver a Belgrano, con o sin Pérez
“Rama”. El DT dice que su salida del club en 2006 fue una cuestión de egos con el entonces gerenciador. Ascendió y tras el partido ante Rosario Central, fue 1-0 en la vuelta a Primera División, tuvo que irse.
Carlos Ramacciotti era de Belgrano hasta agosto de 2006. Armando Pérez, entonces gerenciador, lo cesó por haber dispuesto parte del plantel para actos protocolares sin conocimiento del club. Fue tras el 1-0 a Rosario Central, el partido que marcaba la vuelta a la Primera determinada por un gran ascenso.
Después de tanto tiempo y de paso por Córdoba para visitar amigos, “Rama” dice que aún le cuesta reponerse de su salida y que fue un conflicto de egos. Desde ahí y por varios años, cada vez que se iba un entrenador, sonaba el nombre del rosarino, hasta que el empresario la pegó con Ricardo Zielinski.
–¿Sigue hablando de Belgrano?
–Ascendimos. Logramos juntar a la gente de Belgrano. Fue importante. Pérez hizo muy bien lo que tiene ver con poner al club en una situación en la que se ve que hay trabajo. Ves organización y crecimiento. Yo hablo constantemente con Olave y con los muchachos que están ahí. Se los nota tranquilos y cómodos. Mientras el jugador y el entrenador sigan así, unidos, todo irá bien. Lo nuestro fue una tontería, una cosa de egos, de la que yo salí muy perjudicado. Me la banqué. El dolor que sentí. Lo mal que me hizo. Me costó y me cuesta reponerme.
–¿Aún le cuesta?
–Sí. Fue duro. Logramos el éxito. Solamente fue superado por lo que se hizo luego con River, el ascenso histórico con Zielinski. Para nosotros el punto máximo fue la llegada desde Bahía Blanca con todo Córdoba esperándonos. Lo del arco de Córdoba, que no podíamos avanzar. Desde ahí ya empezaba a ser un Belgrano que quería otra situación. La gente impone también. Es un club con una gran historia, con una gran hinchada. Como Gimnasia y Esgrima de la Plata. Yo veo a la hinchada de Belgrano y el equipo juega con uno más.
–¿Cómo ve lo hecho por Ricardo Zielinski?
–Lo vi muy bien. Lo conocí. Valoro su cuerpo técnico, porque todos tienen su parte. Su éxito es el de Belgrano. Hay un capital humano excepcional. César Pereyra y Juan Carlos Olave son los mejores delantero y arquero del torneo. También al mejor “5”. Y Melano, que lo formó, fue vendido y salió campeón en Lanús. Se le van jugadores y los que vuelven, lo hacen bien. Todo eso vale.
–¿Cree que va a volver Belgrano o se tendrá que ir Pérez para eso?
–No. Algún día voy a volver a Belgrano. Con o sin Pérez. Algún día tendré que volver. A Belgrano no le hice nada más que bien.
–Pero hubo otros comentarios, de jugadores que no estaban conformes con usted. ¿Eso lo lastimó?
–Fueron comentarios. Y yo jamás voy a traicionar a nadie. “Me voy porque algo me dolió mucho”, dije. Y nada más. Hablamos con Pérez. Le dije que se había equivocado. Yo sigo viviendo y hablo mucho con gente de Córdoba. Gente de Belgrano. Con Óbolo o mi amigo Daniel Rancaño.
–¿En qué lo afectó irse de Belgrano?
–Habíamos armado algo muy lindo. El cuerpo médico, los utileros. Estaba muy bueno, los jugadores que había. Bolatti no jugaba y fue figura. Así con varios. Rigamonti, hoy titular en San Francisco. Todo es similar a lo que pasa en Lanús.
–¿Por qué no arregló con la gente de Instituto?
–Un error de la gente que estaba. Me volví a Rosario siendo entrenador de Instituto y después nombraron a otro cuerpo técnico. Ya se dará la oportunidad. Es un gran club. Lo charlé con “el Tata” Martino. Tan bueno fue Instituto para él, como Belgrano para mí.
–Los DT pierden tres partidos y se tienen que ir; o ganan y se van; el juego no tiene identidad. ¿Por qué el fútbol está así?
–Tiene que haber directivos que tengan el coraje de aguantar un proyecto. La culpa no es de Grondona. Lo cuestionan y me hacen reír. Fue campeón del mundo, fuimos potencia en juveniles, es vice de la Fifa. Los dirigentes lo cuestionan por lo bajo. ¿Y qué culpa tiene de que gasten más de lo que les ingresa? Y Grondona les presta dinero. Belgrano no tiene ningún problema con AFA porque está equilibrado.
–¿En qué anda ahora?
–Venía de dirigir en San Martín de Tucumán. Pero no interesan los proyectos. Los cambios no sirven. Hay que empezar de nuevo. Todo se complica. Nos fuimos con un invicto de local 19 partidos. Se hace poco en inferiores, les dan poca importancia a los buscadores de talento. Están renegando en el Argentino A y traen jugadores que solamente rendirán ahí. Y en Primera los buenos duran un año.
–Su nombre sonó varias veces en Talleres. ¿Iría a dirigirlo?
–Una vez, el intendente Luis Juez, hincha de Talleres, me habló en la entrega del premio Jerónimo Luis de Cabrera, cuando ya me había ido de Belgrano. No hay que cruzar los ríos. Dirigí Gimnasia y Esgrima La Plata, no Estudiantes. Esq Newell’s y no Central. Aunque en otros lados no es así.
–¿Qué le pasó en esa final ante Chicago cuando que le dijo a Ferrari de River que errara el penal porque “nadie saldría vivo”?
–Estaba a mil. Fue un error, todo el mundo se fijó en eso. Pero el penal había sido un metro afuera. Después me encontré con Ferrari y nos reímos. De esas cosas se dicen miles en una cancha. Ya pasó.
