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Mariano Campodónico ha demostrado en Belgrano que los años no vienen solos. Pero que traen mucha experiencia. Se trata de eso: de encontrar la forma que mejor le cae a cada uno para rendir. Por Enrique Vivanco.
Las nieves del fútbol forman aludes que en su atropellada hacen doler la cintura, los tobillos, las rodillas y toda aquella zona del cuerpo sometida al rigor de la competencia. Todos esos dolores empiezan a llegar con las tres décadas. Y todos esos años juntos al futbolista lo vuelven más precavido y especulador. Eso pasa en el profesionalismo o jugando por el "sanguche" y la gaseosa.
Esa tendencia, por unos cuantos motivos, se da mucho más en los delanteros o en los volantes con capacidad para generar juego. Su juego linda con el roce, el forcejeo, la brusquedad. Los defensores menos agresivos aprietan y raspan siempre y los más, golpean, y alguna vez sin piedad.
Esa búsqueda de zonas de no agresión o de desenvolvimiento más desahogado es la que está buscando y lo seguirá haciendo hasta que diga basta, Mariano Campodónico. Este ex mil equipos (All Boys, San Martín de Tucumán, San Martín de San Juan, dos veces, Aldosivi, Platense, Caracas de Venezuela, Arsenal, Aucas Quito y Deportivo Quito de Ecuador, El Porvenir, Gimnasia y Tiro, Nueva Chicago, Ferro Carril Oeste, Cerro Porteño y Belgrano, dos veces), de 36 años, nacido en Adrogué, parece haber encontrando la forma de juego exacta para seguirse reciclando.
Su alimento (más que nunca) es ahora la pelota. Nada de piques innecesarios; nada de choques peligrosos. Para él es tiempo de bajar unos metros, tocar la línea de flotación habitual de los antes llamados cracks, agradecer al canchero de Belgrano el trabajo realizado y endulzarle la compañía al "Picante" Pereyra con caramelitos de cuero envueltos para el gol.
Con este nuevo recurso Campodónico demostró, también, que a Belgrano le falta en el medio la luz necesaria para encender a sus delanteros, aunque ante Rosario Central estos hayan demostrado tener su propia generación de energía.
Ha vuelto Franco Vázquez. Es una alternativa. Por lo que se ha visto, y no sólo el sábado pasado, precisamente, Belgrano tiene jugadores que pintan con alguna prolijidad su carril pero que casi nunca se permiten hacer alguna maniobra alocada. "El Mudo" tiene otra oportunidad.
Mientras tanto, y hasta tanto el juego se vuelva más creativo, Jorge Guyón deberá seguir apostando a la solidez del equipo, la misma que tuvo Instituto para golpear bombos y redoblantes en una victoria de seis puntos.
No es para menos. Golpeado por su propia rusticidad, la Gloria y su técnico, Claudio Vivas, se exprimieron a sí mismos para sacarle el jugo a lo que más puede beneficiar a la causa albirroja: el trabajo en conjunto.
¿No hay un "10" que la pise? ¿No hay quién dé un pase gol? Lo colectivo siempre es bien recibido cuando el aporte excepcional tarda en llegar o no aparece. En esa búsqueda, la pelota parada es un elemento casi indispensable. Lo que no se puede por inspiración se logra por la convicción de quien busca nuevas y buenas formas de seguir viviendo. Y llegaron los goles de Damiani y de Gagliardi. No hay figuras pero hay equipo, es el lema en Alta Córdoba. No deja de ser una manera de reciclarse. Darse cuenta de lo que de nuevo cada uno puede ofrecer para mantenerse vigente y competitivo. Lo busca Campodónico. Lo hace Instituto. El tiempo dirá si con eso alcanza.