Brasil ganó de la mano de Luis Fabiano
El delantero hizo un polémico gol, después de tocar la pelota dos veces con la mano. Pero Brasil, además de eso, jugó un gran partido y pulverizó a Costa de Marfil con un 3-1. Kaká se fue expulsado. Es el primer equipo sudamericano en octavos de final.
Alguien escribió en Twitter, apenas terminado el partido, que los marfileños entran a la cancha adorando a Jesús pero que después matan a planchazos. Quizá haya sido así porque ayer, en el Soccer City, se dieron cuenta de que ningún milagro podría salvarlos y apelaron a los recursos más terrenales que tenían a mano. Pero ni eso, porque Brasil los mandó al infierno de la mano de Kaká, quizá el único con línea directa con el Cielo.Seamos sinceros: Argentina cosecha aprobaciones, pero Brasil arrasa con las ilusiones de medio planeta. El pentacampeón del mundo es la esencia de cualquier Copa del Mundo. Al menos en Sudáfrica ayer puso al Soccer a tope, quedando a nada menos que 25 personas del récord que marcó la inauguración: 84.455 tickets cortados. Una multitud para ver el 3 a 1 ante Costa de Marfil.
Samba entre los pasillos, ritmo de cariocas, pasión de paulistas entre las cervezas y las banderas. Mucho Orden y Progreso y mucha fe en el equipo (excepto en Dunga, a quien silbaron cada vez que fue mencionado por la voz del estadio). Un equipo con torcedores fieles hasta la médula.
¿Y qué vieron los hinchas brasileños? Un equipo en serio, dueño de la escena y capaz de cortar el partido por dónde quisiera y cómo quisiera. Por algo sus hinchas se enorgullecen de tener la mejor defensa del mundo. Parecen impasables. Y más. Si un jugador logra traspasar el muro verdeamarillo se encontrará con otro escollo aún más sólido. Julio César, su arquero, perfecto ayer en cada aparición, sargento de la saga a la que ordena a grito pelado bajo los tres palos.
Metido entre Lúcio (gigante el capitán, deshace y arranca como toro hacia el arco rival) y Juan, míster Didier Drogba nada pudo hacer. El partido le pedía más protagonista a la esperanza negra de toda África, pero el quebrado pareció abatido ante el pobre rendimiento de sus compañeros. Y eso que tiene en su equipo al exquisito Yaya Touré o al voluntarioso Salomon Kalou. No fue la noche de las estrellas marfileñas y la constelación fue un borroso pastiche de apellidos ilustres.
¿Y qué más? Kaká, como el señor del mediocampo. El volante de Real Madrid camina la cancha como un springbok, dando trancos enormes y veloces que se llevan por delante a la más férrea de las defensas. Claro que también está para pases cortos y precisos, como el del primer gol de Luis Fabiano. Exquisita habilitación entre Zokora y Tiené para que el delantero del Sevilla le pegara con todo el pie y la metiera por arriba del pobre Barry. Y explosiva jugada en el tercero, encarando al lateral para llegar al fondo (sabía que podía, era cuestión de proponérselo) y tirando el centro atrás ante Elano, atento, que picó en diagonal y la mandó a guardar.
Se fue expulsado Kaká, pero todo fue obra de la puesta de los marfileños. No sólo pegaron a discreción. También actuaron como en una película de clase B. A Keita no habría que reprenderlo por su acción desleal (se tiró fingiendo un golpe del 10 de Brasil, que le valió la segunda amarilla), sino por lo mal que lo representó. Todo el Soccer City se indignó al ver la imagen del africano en plan fui asesinado.
Aunque pongamos las cosas en su lugar y miremos al árbitro. Mal en todos los aspectos, aunque sobresalió en las jugadas clave. Cuando Luis Fabiano volvía al centro del campo después del segundo tanto, Stephane Lannoy le preguntaba, sonriente, si por esas casualidades no la había bajado con la mano. “No, nada que ver. ¿Yo? Por favor”. El delantero brasileño marcó un gol que, visto rápidamente, fue de antología.
Pero que en súper cámara lenta tenía todos los elementos para ser un robo: hubo doble infracción por doble mano, algo que el delantero reconoció luego.
¿Algo más? Brasil tiene un sistema compacto y aceitado de defensa que será difícil vulnerar. Hubo distracciones, es cierto, entre Felipe Melo y Gilberto Silva. La zona izquierda pareciá la más atractiva para animarse. Pero no fueron los marfileños quienes aprovecharon esas opciones y el scratch sacó un partido de esos que, por necesarios, dan confianza y apuran el tranco.
Brasil puso el Grupo G en orden y quedó clasificado para octavos. Logró dos triunfos, como Holanda y la Argentina. Va por el hexacampeonato. Sus hinchas tienen las turbinas listas. Parece que el Mundial ahora sí, comenzó.

