Brasil afuera y Uruguay semifinalista
El pentacampeón sufrió una eliminación sorpresiva, mientras que la Celeste está entre los mejores cuatro del mundo.
Ciudad del Cabo. "No tengo palabras para explicar lo que ha pasado. Todo lo que puedo decir es que esto es fútbol, y estas cosas pasan", dijo Milovan Rajevac, el DT de Ghana, justo después de que Sebastián Abreu picara la pelota para convertir uno de los penales más audaces de la historia de los mundiales.
Estas cosas pasan, gracias al cielo. Y pasan en un Mundial que está tomando un rumbo desconocido y que podría desembocar en un campeón sorprendente. Afuera Brasil cuando parecía subido a un tren que lo depositaría en el Soccer City el domingo 11. Adentro Uruguay, que se clasificó con el bonus track de una eliminatoria durísima.
El viernes, en el mismo día, Sudamérica vivió dos emociones intensas, de esas que marcan el temple de un país por varios años. Brasil sufrió un golpe tremendo al ser eliminado por Holanda, y Uruguay vivió una de las alegrías más grandes de su historia al ganarle a Ghana y meterse entre los cuatro mejores de la Copa del Mundo.
Fue un viernes de coraje. De voluntad y decisión, de hombría y pasión. Abreu, Suárez, Van Bommel, Sneijder. Gente con corazón que entiende que la historia la hacen los hombres, que nada está escrito de antemano; que, vamos, a la vida la construye la libertad.
Fue Holanda el que primero se animó a desafiar lo establecido. Se le plantó a un Brasil que en el primer tiempo lo bailó. El partido, jugado en Puerto Elizabeth por cuartos de final, comenzó con un gol de Robinho que parecía sentenciar la clasificación. ¿Festejaban el 1 a 0 o el pase a semifinales?
Lo que fuera que festejaban les costó caro. Sneijder, holandés con clase de potrero argentino (por momentos, parecía Guillermo Barros Schelotto provocando rivales, incitando al error de los brasileños) fue capaz de darlo vuelta.
Sneijder envió el centro que Felipe Melo desvió y que Julio Cesar se comió. Y fue el holandés el que metió la cabeza para convertir el segundo, dando vuelta un partido que los mismos europeos no creían posible.
El arquero de Brasil lloraba ante las cámaras de la televisión de su país. "El fútbol es así, tiene esas cosas", balbuceaba y suspiraba profundo. "Parecía imposible que pasáramos tras la primera parte pero durante el descanso nos conjuramos para dar todo porque todavía estábamos a tiempo", contó Sneijder, héroe nacional de los Países Bajos, después del partido.
Y fue Uruguay el que, acto seguido, protagonizó su epopeya del nuevo siglo. Perdía por un gol a lo "Jabulani" (tiro desde lejos de Muntari, efecto jodido, Muslera que se vio sorprendido) y lo empató porque Forlán es un crack, que metió el gol en el momento justo.
El resto fue mal jugado, pero lleno de emoción y tensión. Los 120 minutos fueron necesarios para lo que vendría: el final más emocionante de los últimos mundiales. Emocionante por el heroísmo de Luis Suárez, que instintivamente se sacrificó por su selección salvando un gol de Ghana, primero con la pierna y después con la mano. Expulsión y penal, cuando el partido estaba terminado.
Que el ghanés Gyan haya errado el penal puede sonar a injusto. Los africanos habían sido superiores porque sus volantes habían controlado la pelota, la habían hecho circular con criterio y tuvieron la última para hacerse del juego.
El fútbol es injusto, aunque eso duela. Si uno está del lado de los débiles que ganan, pensará que ha sido hermoso. Como pensaban los miles de holandeses que festejaban en la Fan Fest de Ciudad del Cabo; y como lo hicieron los pocos uruguayos que fueron al Soccer City. Pero si uno es parte de los más fuertes, sentirá que es un deporte maldito capaz de inyectar el veneno más puro en el momento menos pensado.
Continente dividido
Pregunten qué pasa en Uruguay, un país de unos tres millones de habitantes, que debió jugar un repechaje ante la ignota Costa Rica para ver si le daban un boleto al Mundial, y que el martes jugará una semifinal.
Y pregunten qué pasa con la selección de un país de 120 millones de habitantes, que ganó las eliminatorias al trote, que se movía en Sudáfrica como el patrón de la estancia y que el martes próximo estará de nuevo en Brasil, de vacaciones, sin DT.
Día inolvidable el del viernes en el Mundial también porque África se había unido detrás de Ghana, que debía mantener la llama del orgullo. El Mundial se hace por primera vez en estas tierras y era necesario que el protagonista de la casa no muriera en el anteúltimo capítulo. Si hasta los mal pensados esperaban una mano de la Fifa.
Pero no fue así y Ghana quedó atrás. Sin africanos, todo será entre europeos y sudamericanos. Al fin de cuentas, la historia de siempre. Tres campeones del mundo (Uruguay, Argentina y Alemania), una eterna promesa (Holanda), el mejor de los últimos años (España) y un invitado inesperado, pero audaz (Paraguay). Entre ellos estará el que gane el Mundial.
Todos, seguramente, habrán tomado nota sobre lo que pasó el viernes: se gana con el corazón, con la voluntad, con las ganas. Una verdad de la vida, ¿no?

