Boca-River: Córdoba se abrió al único superclásico
Diferente a todo. La presencia de los dos grandes en el Kempes dio lugar a un crisol de tonadas en las tribunas, que desbordaron de pasión.
Una cosa es ir a la cancha a ver un partido de fútbol y otra muy distinta es ir a ver un superclásico. Entiéndase: en cualquier lugar del mundo, “superclásico” es Boca-River. Cualquier otra rivalidad regional no es “súper” porque, con más o menos glamour, no tiene chances de igualar la expectativa ni la locura que encierra este match. Se trata de una afirmación universalmente válida. Y Córdoba tuvo la chance de comprobarlo.
No menos cierto es que el cordobés de la capital provincial se ha ido convenciendo, con el tiempo, de que sus equipos tienen historia, público y camiseta, suficientes argumentos como para dejar de lado la simpatía por alguno de los colosos porteños.
Es como si se hubiera convencido de que la pasión, en términos futboleros, no se comparte. De eso saben, y mucho, los rosarinos, que juegan en AFA desde los años ’40. Para los clubes cordobeses, el roce con el puerto llegaría casi 30 años después (y todavía ahora son indirectamente afiliados al ente rector).
En cambio, el interior provincial todavía es “Xeneize” o “Millonario”, sin matices. Muchos de los que ayer le dieron un marco espectacular al Kempes (hubo casi 50 mil personas) llegaron de muy lejos. San Francisco, Río Cuarto, Villa María… Incluso de más allá de los límites provinciales, como Daniel Arce, que salió tempranito de Villa Mercedes, San Luis, con su esposa Cecilia y su hijo “Nacho”.
Media hora antes del partido, los tres ya estaban en la platea Ardiles para alentar a “Boquita”. Casos como ese, un montón. Ellos son los que contribuyeron, junto a los turistas que se hicieron un “pique” desde las sierras, a que el superclásico de Córdoba fuera, por lejos, el más convocante de los tres que se jugaron en el verano.
Aunque el clima se armó temprano, el cuartetazo a todo volumen no le dio lugar a la música de la gente hasta minutos antes del partido. El duelo de hinchadas desnudó desde entonces lo que generan los técnicos; más populares que cualquiera de los 22 que pisaron el césped. “De la mano de Carlos Bianchi”, gritaron de un lado. “De la mano de Ramón Díaz”, replicaron del otro; siempre con el sueño de “dar la vuelta”.
Hubo pirotecnia, muchos flashes, tensión… Y después, no hubo “amistoso”. A una semana del debut oficial, ninguno se guardó nada. En las tribunas, menos. No hay lugar para especulaciones cuando juegan River y Boca. Tampoco hay pasión que los iguale. Ni el “Barsa” ni el “Madrid”, ni el “Flu” con el “Fla”. Este clásico es “súper”.
