Boca: la hora de la autocrítica
Luego de los siete goles recibidos en la última semana, el equipo que dirige Falcioni necesita recuperar su solidez defensiva. Mañana, ante Arsenal, tendrá una prueba de fuego.
La antigua fortaleza parece haberse derrumbado justo en el momento menos oportuno. Boca no parece ser lo que era. Y el bajón le ha tocado cuando tiene la atención repartida en tres frentes, el Torneo Clausura, la Copa Libertadores y, en menor medida, la Copa Argentina.Llama la atención lo que le ha pasado en la última semana. Entre Fluminense e Independiente le han marcado siete goles al equipo que ganó el Apertura recibiendo tan sólo seis en 19 partidos. Y que en las cuatro fechas anteriores del Clausura, había podido mantener su valla invicta. ¿Son las primeras señales de una decadencia anticipada o es apenas la expresión de un fenómeno pasajero?
Está claro que Boca perdió aquella solidez inquebrantable. Ha resignado poder en su juego de alto y además, está fallando a la hora de defender las pelotas paradas. Dos datos lo demuestran: de los siete goles que le hicieron, tres fueron de cabeza y cuatro vinieron de un tiro libre en contra.
Donde antes ganaban Rolando Schiavi, Juan Manuel Insaurralde, Facundo Roncaglia o Leandro Caruzzo, ahora ganaron delanteros como Fred y el “Tecla” Ernesto Farías. Encima de todo, su arquero Agustín Orión, puntal de esa seguridad, parece no llegar a las pelotas que antes llegaba.
En desventaja rápido
Tanto en el 1-2 contra los brasileños como en el 4-5 ante los Rojos de Avellaneda, Boca estaba en desventaja antes de cumplirse los primeros 10 minutos. Y ese contratiempo obligó al equipo de Julio Falcioni a hacer lo que contrario de los que venía haciendo.
Si en el Apertura, hacía un gol y planchaba los partidos porque podía aguantar la diferencia con la seguridad de su defensa, ante Fluminense e Independiente debió salir a cambiar pelota por pelota asumiendo riesgos que no figuran en la cartilla de su entrenador.
Por eso, tanto en una como en otra ocasión, le definieron los resultados de contraataque. Aparecieron espacios que antes no aparecían. Y con la obligación de salir a la descampada, defendiendo en una cancha más grande, quedaron expuestas las limitaciones individuales de su defensa.
En un Boca más ordenado y equilibrado que éste, Schiavi no hubiera ido a cortar tan lejos y no hubiera quedado mano a mano con Farías en el gol que lo condenó a la derrota ante Independiente.
En todo caso, ahí está la razón por la cual Boca ha perdido dos partidos en apenas cinco días. A Falcioni, se le desequilibró el equipo. Si hasta aquí, la manta estaba corta y dejaba al descubierto una escasa elaboración de juego ofensivo (salvo cuando la pelota pasa por el talento de Juan Román Riquelme), ahora el equipo llega más. Pero también le llegan más, agigantando el riesgo de posibles nuevas derrotas.
Mañana frente a Arsenal por la Copa Libertadores, otra vez Boca deberá salir a todo o nada. Una derrota y hasta un empate dejarán seriamente comprometidas las chances de pasar a los octavos de final del torneo continental.
Ganar es una obligación. Pero deberá alcanzarla sin regalarse en el fondo, recuperando aquella vieja solidez que lo hizo campeón y que en la última semana dejó en el camino.