Bernardi, en profundidad: En mi equipo, no jugaría
El entrenador de Belgrano dice que quiere un equipo dinámico y eso no lo negocia. Se está adaptando a Córdoba y le apunta a San Martín de San Juan.
Pasaron más de 40 días desde que asumió en Belgrano, pero recién ahora Lucas Bernardi comienza a familiarizarse con Córdoba. Aunque aún no conoce bien la ciudad, ya sacó algunas conclusiones sobre cómo se vive el clásico, en comparación con el de su Rosario. "Acá, desde que empezó la semana del clásico, se hicieron acciones en conjunto y hasta se armó un palco con hinchas de los dos equipos. Eso le da algunas cosas y le saca otras al clásico. No veo posible que en Rosario pueda suceder lo mismo", analizó.
El entrenador, que en septiembre cumplirá 41 años, siente que la victoria ante Talleres predispuso de la mejor manera a los piratas que, para su sorpresa, volverán a colmar como socios las 30 mil ubicaciones del Gigante durante toda la temporada.
–Pese al poco tiempo de trabajo, ¿se vio la idea de lo que pretende de Belgrano?
–Tratamos de que cada partido tenga su plan de juego. En este caso funcionó, y eso lo hace públicamente mejor. Pero, en mi consideración y más allá del resultado, seguimos en la búsqueda de que las cosas nos salgan desde el debut en el campeonato.
–Además, el triunfo en el clásico cambió el aire…
–Soy nuevo, pero siento que hubo un acercamiento profundo de los jugadores con la gente. Y la gente vio en los jugadores un esfuerzo diferente. Acá no podemos tener divisiones: la gente tiene que sentirse identificada con lo que ve en la cancha, los jugadores tienen que sentir el apoyo y nosotros tenemos que estar a disposición de los futbolistas.

–Con la llegada de un marcador lateral por la izquierda, ¿el plantel quedará completo?
–Si sostenemos el esfuerzo, creo que vamos a estar bien. Lo más importante que tiene el equipo hoy es que los que llegaron se adaptaron rápidamente al grupo. Es fundamental. Hay jugadores que pueden ayudarnos mucho, desde todo punto de vista.
–¿Suárez te sorprendió?
–Confirmé que juega a otra cosa. Nosotros tenemos que acercarnos a su nivel, y no hacer que él tenga que bajar su juego para acercarse al resto. Es un desafío. Matías está programado para jugar a un toque y, si hacemos tres, el ya no participa de esa jugada. Ojalá podamos formar un equipo donde él se sienta a gusto y lo disfrute.
–Además, se pudieron ver versiones muy renovadas de Alanís y de Brunetta.
–Seguramente han crecido y han sumado experiencias, adentro o afuera. Trato de que todos los jugadores que están en el plantel tengan la misma información del partido. Después le toca jugar a uno u otro. Entonces se genera una competencia interna interesante, porque todos saben que juega el que mejor está.
–Esa idea de que “juega el que mejor está”, ¿es absoluta o los jugadores de mayor cartel tienen otra consideración?
–Las trayectorias tienen un tiempo más, pero el equipo es más importante que cualquiera de nosotros. La institución está por encima. Siempre he valorado el equipo por encima de los nombres, porque desde ese lugar saco la mejor versión de cada uno. Creo en eso, lo explico y lo trato de desarrollar para que cada uno dé al máximo.
–¿Esto te ha traído inconvenientes como entrenador?
–Sin dudas; algunos más reales que otros. Pasa que, cuando terminé de jugar y fui técnico, hice un corte que me cambió la mirada. Me di cuenta de que algunas cosas que creía que hacía bien en realidad las hacía mal, y viceversa. El jugador siempre quiere jugar, pero el entrenador tiene que armar el mejor equipo posible.
–Tampoco negocia la dinámica, como si en sus equipos la movilidad fuera la constante…
–Es que eso nos permite tener un equipo más apto para atacar y defender, todo el tiempo. Ninguno tiene que estar aislado del juego. Si uno no participa del juego, es muy difícil que pueda salvar el error de un compañero. Te soy sincero: en mi equipo, el Bernardi que terminó jugando en los últimos tiempos no tendría lugar.
–¿Por qué?
–La experiencia ayuda al jugador que es grande de edad a estar en el lugar y el momento justos, porque en determinado momento empieza a elegir cuándo y dónde aparecer. Sin embargo, el día que empieza a fallar es difícil sostenerlo, porque cada falla desestabiliza todo. En cambio, al jugador más joven le cuesta más ubicarse bien, pero tiene físico y ganas para recuperarse de los errores que pueda cometer.

–¿La dinámica pretendida exige tener jugadores que estén a pleno físicamente?
–No son cosas que puedan separarse. Si el equipo está bien parado, es posible que pueda sostener el mismo ritmo durante todo el partido. Mi trabajo es tratar de lograr que todos los recorridos sean más cortos, rápidos y ágiles para que sostengan el ritmo, en posición defensiva u ofensiva.
–¿Se vienen equipos más verticales y con menos preponderancia a la tenencia en la Superliga, tal como vimos en el Mundial?
–Creo que Francia eligió siempre la forma de jugar más conveniente. Pasó por todas las situaciones: por momentos controló el juego, por momentos controló la pelota... No sé si el fútbol argentino va a adaptarse a eso. Aquí todos los equipos son parejos y todo es relativo. Para contragolpear o hacer las transiciones rápidas que hizo Francia, tenés que tener la velocidad y la técnica de ellos.
–Hay que adaptarse a lo que se dispone…
–Sí, pero con una idea general: siempre dársela al de celeste.
