Belgrano y Talleres, una historia de amigos
Otro tiempo. Hubo una época en que los hinchas de Belgrano y Talleres se alentaban mutuamente. La rivalidad se agotaba en cada clásico.
El chico se puso su gorrito de Belgrano, llegó a la Plaza San Martín y espero pacientemente los ómnibus naranjitas con el cartel de acrílico que anunciaban un destino sin escalas: "ESTADIO".
Cuando vio venir al vehículo, atestado de hinchas de Talleres que marchaban entusiasmados hacia el Chateau para ver a su equipo contra River, por el Metro '80, no dudó un instante en subir. Enseguida, uno de los pasajeros, embanderado de pies a cabeza con los colores albiazules, se le acercó y le preguntó: "¿A quién vas a alentar hoy?". El joven no dudo, y con franqueza le respondió: "A Talleres. Soy cordobés".
La historia es verídica y ocurría con frecuencia hasta unos 30 años atrás. Para muchos, la rivalidad entre Belgrano y Talleres acababa en cada clásico. Después, cuando la ocasión lo requería, se alentaban mutuamente en cualquier enfrentamiento contra los equipo porteños o de otras provincias.
En los viejos nacionales de Primera (1967/85), la consigna generalizada era alentar a los representantes cordobeses más allá del color que vistieran. Los de Talleres apoyaban a Belgrano y viceversa. Pero también aparecían los de Instituto, Racing, Juniors, Unión San Vicente...
En 1968, los celestes hicieron la punta en eso de chocar por los puntos contra los grandes de la AFA. Por su carácter de oficial, el episodio constituyó todo un suceso para el fútbol cordobés, que se volcó masivamente a alentar a los de Alberdi. Cada presentación del equipo de “Palito” Mameli, “la Pepona” Reinaldi o “el Toni” Syeyyguil era una cita obligada para hinchas propios y ajenos. Y los de Talleres, en gran número, no faltaron, aunque hoy parezca imposible de imaginar.
Las crónicas de entonces están plagadas de testimonios de esa “rivalidad amistosa” entre Belgrano, Talleres y su fuerte sentido de pertenencia provincial.
¿Podrán creer los hinchas de hoy que un gol de Daniel Willington a Jorge Newbery, en Junín, se celebró en Alberdi mientras jugaba la "B"?
Así lo cronicó La Voz del Interior el 29 de julio de 1974: “Los altavoces del estadio de Belgrano anunciaron el gol de Willington para Talleres; hubo una ovación y el grito de ‘Córdoba’ repetido varias veces”.
Eran otras épocas, claro está, en la que los rivales eran básicamente los porteños y primaba el sentido federal. Por eso no extrañó que, por ejemplo, la barra albiazul homenajeara con un asado a los de Altos Hornos Zapla de Jujuy en 1974.
Y la sana convivencia iba más allá de las hinchadas, como lo reflejó una solicitada oficial de Talleres del 19 de marzo de 1977, publicada en este diario, con motivo del 72º aniversario de Belgrano: “CAT saluda a los integrantes de la comisión directiva de Belgrano, a su masa de asociados, a sus simpatizantes y a la solidaria barra de Los Piratas, artífices de toda existencia honrosa de esta gran institución”.
Ya en los '80, aquellos que alimentaron eso de gozar con la "desgracia ajena", rompieron el molde. Al final, la rivalidad sin límites y el imperio de la violencia terminaron por ganar la partida.