Belgrano-Talleres: se juega por la madre
En el “Día de Mamá” se dará una nueva edición del clásico mayor de Córdoba. Es en el Gigante de Alberdi a las 16.05.
Cada clásico será siempre una muestra de rivalidad deportiva de esas que habitualmente no tienen explicación razonable.Belgrano y Talleres juegan esta tarde a las 16.05 en el Gigante de Alberdi, el partido más importante de aquí hasta junio del próximo año para el sentimiento de su gente, porque después podrán luchar por clasificaciones a instancias superiores o por otros objetivos, pero ya no habrá más clásicos hasta la próxima temporada.
Los condimentos para estos partidos se encuentran en todos los rincones, porque por eso son clásicos, así es que hoy los hinchas de la “B” apurarán el almuerzo, habrá un beso en la frente de mamá y todos a la cancha.
Los que no visiten el “Julio Villagra” tendrán un ritual similar, porque el “porrón” se destapará antes de que el reloj marque las 16 y a partir de allí será como estar presentes. De un lado y del otro, el postre con “la vieja” será ver el partido y esperar que no se atragante nada por una jugada de los de corto que tantas alegrías y sinsabores pueden darle a su gente.
Todo o nada
Nadie puede imaginarse un clásico pálido, sin pimienta o con un atisbo de antipatía de la gente. Todo lo contrario, son a pura adrenalina y se jueguen en el día que cae, sin importar el almanaque. Por eso se viven de una manera que logró llevar sus imágenes alrededor del mundo.
En todo el país, y en otros también, seguramente hay un pirata o un matador esperando la hora señalada para ver el clásico, para sentirse que está presente. Porque esa vieja bandera desteñida por el sol, aquel gorro de flecos y ese calzoncillos que tantos triunfos trajo, estarán presente de nuevo buscando que su influjo y su poder se trasmita hacia el campo de juego.
El partido se da en una fecha muy especial para los argentinos, porque es el “Día de la Madre”, pero seguramente “la vieja” entenderá (como siempre lo hace, porque es “mi” vieja) que hay razones que ni la propia razón puede comprender y que la camiseta es la camiseta, y el clásico hace que todo quede de lado, al menos un par de horas.
Un partido especial
Pero más allá de las cábalas y de los sentimientos del hincha, en cancha habrá dos equipos que intentarán imponer su juego para buscar quedarse con los tres puntos que el partido entrega.
Por un lado, Belgrano llega maltratado por quedar fuera de la Copa Argentina y por el otro está Talleres, quien buscará imponer su mejor.
Méndez, sumergido en una semana que fue complicada por el presente y silenciosa por determinación propia, deberá hablar en cancha por intermedio de sus dirigidos, quienes serán los intérpretes de un plan de juego que se viene ajustando y que había tenido un esbozo en Tucumán, pero se borró totalmente ante Atlanta.
Kudelka quiere intensidad, la presión alta sobre la salida del rival, la llegada al arco del frente con hasta cinco jugadores, las proyecciones de los laterales y los extremos, la creación a partir del primer toque de Guiñazú, la sorpresa que puede ofrecer a través de su fútbol Reynoso y el desequilibrio en velocidad y en el uno contra uno de Palacios.
La “B” apuesta a que su juego aflore. Otra vez se viene el doble “5” de recuperación y la idea es tratar de darle mayor firmeza a la defensa con Martínez parado delante de la línea de cuatro.
Para el Pirata es indispensable que Brunetta aparezca a pleno, porque el equipo necesita de su juego y de su primer pase para generar espacios y chances de progreso sobre la valla de Herrera.
En el banco de suplentes estará Matías Suárez, quien regresó a los concentrados después de más de un mes de ausencia por su lesión en la rodilla. La presencia del ex Anderlecht es un plus anímico para todos y una carta de juego que estará entre los sustitutos del conjunto local.
Finalmente por el lado de la “T”, la carta de juego está por el lado de Reynoso, en su capacidad para la impronta en el manejo del balón y en su remate de media distancia como una herramienta más en ofensiva.
Habrá clásico en Alberdi y Córdoba se merece una fiesta del fútbol en paz.

