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Belgrano-River: los dioses confluyeron en Alberdi

Histórico. En un día inolvidable para Belgrano, el color aportado por las hinchadas acompañó la celebración del Inti Raymi. Fue toda una fiesta.

23 de junio de 2011 a las 08:52 a. m.
Federico Giammaría
Belgrano-River: los dioses confluyeron en Alberdi

Un cacique araucano ofrendaba su plegaria al dios Sol. Cayupe Lonconao levantaba los brazos en la celebración del Inti Raymi, una tradición indígena. A metros, del otro lado del río Suquía, un ejercito de rojo y blanco miraba curioso y aburrido. La costanera cordobesa era escenario de una fiesta extraña que conjugó, a horas del partido, una celebración única.Alberdi fue tierra invadida. Llena de pequeñas ceremonias que mezclaron lo autóctono y lo foráneo, entre la parafernalia del desembarco masivo de periodistas y la más pura esencia del fútbol. La de los hinchas, claro.

Pequeñas ceremonias para recibir al partido del año. El ejercito rojo y blanco lo formaban los hinchas de River, que pintaban la costa del Suquía. El otro era mucho más grande, más seguro de sus fuerzas, que confluía en la esquina de Colón al 2000 para bajar por Orgaz y teñir todo de celeste. La hinchada de Belgrano.

Historias mínimas copaban la tardecita de Alberdi... La de Ezequiel, vendedor que ofrecía banderas de River a 30 pesos y, malicioso, mostraba que debajo de su campera tenía la camiseta de Talleres. “Soy lo que soy”, se sinceraba. O la de Carlos, parado frente a la entrada de la popular pirata y expectante por una ayuda. “Voy a entrar, como sea. Le voy a ofrecer plata al de seguridad, pero entro”, decía.

Historias como la de los periodistas porteños, tan incómodos como curiosos caminando frente al Gigante; provocando el encantamiento de lo fulgurante, y tan simpáticos por conveniencia ante la amable hostilidad de los cordobeses. Sus vozarrones –porque siempre hablan fuerte– fueron tapándose por esos "culeados" tan nuestros que se multiplicaban hasta perderse por el aire endulzado a golpe de choripán.

Era un día histórico. Si desde las 14 todo aquel que pasaba por el estadio, o cerca, metía un bocinazo para darle aliento al Pirata. Voluntad de ser parte de una alianza imaginaria, que unía a los más débiles, a los del interior, a los de la barriada de Alberdi, en una gesta monumental. Justo en este barrio, el del Cordobazo y el Clínicas, y el de esa enorme comunidad latinoamericana tan hermana y solidaria, que habita hoy el lugar. Un lugar hecho para la historia de tierra adentro.

El comienzo del solcito de invierno tuvo el calor de un infierno pasional. El cacique Cayupe Lonconao (¿habrá sabido lo que ocurría enfrente a su gente?) alertó al Sol de que justo aquí había día de fiesta. ¿Dónde, si no, podrían estar los dioses ayer en Argentina?