Belgrano nunca deja de avanzar
Evolución. El Pirata sumó un punto en la Bombonera, llegó a los 50 en la temporada y está cada vez más cerca de la Sudamericana.
Es cierto que Belgrano no fue ayer el equipo que había sacado a bailar a Quilmes. Pero la "maquinita de sumar" no se detuvo y volvió a adicionar un punto en la caja. Son 14 en lo que va del Torneo Final y 50 en la sumatoria de la temporada. Más que un número redondo, para el Pirata se trata de otro objetivo cumplido, con el cual ya no le quedan eslabones (ni excusas) para proclamar su próxima meta: la clasificación a la Copa Sudamericana.El empate sin goles con Boca fue el cuarto partido en serie sin que el Pirata gane ni convierta en la Bombonera. En 2007, cuando mordió el polvo del descenso, fue dos veces a ese estadio y en ambas perdió 1-0: frente a San Lorenzo (local) y Boca.
Con el retorno a Primera y la dirección técnica de Zielinski logró dos empates 0-0: el de octubre de 2011 y el de ayer. Sin embargo, entre aquel Belgrano que comenzaba a hacer pie en Primera y el que jugó ayer, hay algunas diferencias que no está de más analizar, como parámetro de su evolución.
Aún con otros protagonistas (no están Lembo ni “el Chiqui” Pérez), la “B” mantiene el orden defensivo, con el aditamento de que ahora se anima más a jugar en el campo contrario. El propio DT lo reconoció ayer: “Cambiamos. Ya no metemos tanto el pelotazo e intentamos jugar corto”, dijo.
Eso sí: al Pirata le faltó “poder de fuego” en el área rival. Llegó hasta ahí con pelota dominada en varias ocasiones, pero Márquez y Melano no constituyeron la dupla “explosiva” que detonó ante el Cervecero.
Clima excepcional
La Bombonera tiene un no sé qué… Ruge y vibra con el aliento, pero también es inapelable en sus veredictos. Estaba claro que el partido de ayer no era un simple “compromiso” para Boca. Carlos Bianchi apostó por los titulares en procura de retornar a la victoria. Y ese clima se trasladó a las tribunas.
El gol que Juan Pablo Pompei no le cobró a Nicolás Blandi (la pelota había traspasado la línea de gol cuando fue rechazada por Lollo) le sumó un condimento más. Pero, después, los minutos pasaron y Boca siguió sin embocarla. “A ver, a ver los jugadores si pueden oír, la camiseta de Boca es ganar o morir”, bramó la hinchada. Pero el resto del estadio los silbó cada vez y eligió un hit clásico (“Dale Boca, dale Boca”) para alentar a un equipo golpeado.
Si hay alguna razón por la que el hilo no se termina de cortar es porque Boca mantiene sus chances en el certamen continental. “La Copa Libertadores es mi obsesión”, cantaron.
Mientras tanto, en la tercera bandeja de la cabecera que da al Riachuelo, más de 4.500 piratas tuvieron su fiesta. Lejos de las preocupaciones del local, no pararon de alentar. Durante todo el partido obligaron a los xeneizes a no aflojar ni un minuto para mantener el duelo de hinchadas, que fue de lo más atractivo que dejó el encuentro.
Belgrano está muy cerca de la Copa Sudamericana. Nadie lo da por hecho, y está bien: todavía “la maquinita” debe sumar algunos puntos más. Pero una cosa está clara: está bien encaminado.