Belgrano navega en aguas turbulentas
A cinco fechas del Campeonato 2015, el Celeste atraviesa su peor momento futbolístico de los últimos años.
Belgrano viene de empatar los dos partidos con Atlético de Rafaela (1-1 allá y 0-0 acá) en poco más de una semana. Un dato estadístico que se suma a los siete partidos que lleva sin ganar o al esclarecedor y alarmante número que indica que de los últimos 10 juegos, la "B" sólo ganó un partido (a Tigre, 1-0, en el Kempes).
En medio de todo este compendio númerico, está la derrota con Boca con dos jugadores más, el empate con Racing en un partido que pudo ganar, la pobre igualdad con Olimpo de local, la derrota con Temperley, los dos juegos con el elenco rafaelino y, lo más grave para sus aspiraciones y para el dolor de casi todos sus hinchas, la tempranera eliminación de la Copa Sudamericana con goleada en contra a manos de Lanús (1-5) en el partido de vuelta.
Desde lo númerico, después del receso por la Copa América que se jugó en Chile, Belgrano cosechó más amarguras que alegrías y desde lo futbolístico, el equipo que dirige Ricardo Zielinski perdió casi todos (¿o todos?) los atributos que lo habían convertido en un equipo sólido, respetado en la cancha, elogiado por sus rivales y protagonista en el torneo. Ya no es sólido. Ya no es respetado ni elogiado y ha quedado algunos pasos atrás en el protagonismo que le permitía soñar con una clasificación a la Liguilla Prelibertadores.
Belgrano ya no es el Belgrano de entonces, pero tampoco es el Belgrano de otras décadas, cuando, al decir de Juan Carlos Olave, se lloraban descensos. Hoy se lloran eliminaciones de copas internacionales. Verdad a medias. Un consuelo que no alcanza a tapar este retroceso.
¿Se trata de un bajón lógico?
Sí es así, hay tiempo a recuperar las individualiades, pero fundamentalmente lo colectivo, lo que hizo fuerte al Belgrano de este nuevo siglo.
¿Es un bajón necesario? Desde enero de 2011, cuando Zielinski comenzó a dirigir el equipo (había sido elegido como DT el 14 de diciembre de 2010), Belgrano no paró de subir. Para el Celeste, el segundo tramo de la B Nacional 2010/11 fue un relámpago que iluminó al fútbol argentino e hizo temblar sus estructuras: jugó la promoción y mandó al poderoso River Plate a lamer las miserias de la categoría del ascenso.
Ya en Primera, la consolidación llegó a través de logros antes impensados: terminar entre los cinco primeros lugares durante un par de torneos; ganarle a los grandes acá y allá; hacer la mejor campaña de su historia en Primera y convertirse en el primer equipo cordobés en jugar dos veces la misma copa internacional (la Sudamericana).
Salir o no salir del país es un circunstancia deportiva que alguna vez le tocará en suerte, o no, vaya uno a saber.
En los últimos cinco años Belgrano vivió arriba, con emociones de altísimo nivel, perfeccionando un estilo de juego que pasó de aguerrido en la primera temporada a otro más claro, contundente y hasta con buen trato, como el de las últimas dos temporadas. Todo con un plantel corto y una billetera dirigencial que se niega a abrirse para evitar los fracasos económicos y deportivos de antaño.
Hoy, Belgrano no goza de las mejores condiciones de salud, pero tampoco está al borde de la muerte. Vivir cinco años con exigencias cada vez mayores y una vara cada vez más alta generan un cansancio, un desgaste, que en algún momento te pasa factura.
Es el tiempo de la recapacitación serena, de la calma, para determinar cuál es el diagnóstico: si un bajón lógico (todos los equipos lo tienen) o un bajón necesario (que lleve al replanteo del futuro).
Hay tiempo, porque es lo único que no se termina en esta vida. Hay tiempo para agarrar fuerte el timón y enderezar el rumbo para llegar a orillas más prósperas, algo que los Piratas saben porque es parte de su ADN.