A Belgrano lo condenó semejante serie de errores
Una lectura más sobre las razones que condenaron a Belgrano a la B Nacional.
La imagen del final es alguna de todas esas que quedaron flotando en la triste tarde de Alberdi y en los corazones de miles y miles hinchas de Belgrano.
Puede ser la que refleja el llanto interminable, la que muestra la mirada perdida, la que representa la hidalguía de la gente resignada, la que cuenta de la bronca hecha insultos o la que capta los aplausos para unos pocos elegidos... También esa que expone la marcha en paz vista al suelo por la misma Orgaz que supo de tantas gestas. Cualquiera vale para evidenciar la impotencia de ya no ser, el dolor del descenso, la conciencia del retroceso. Con los últimos sonidos de un día que marcará la historia –no deseada– celeste, retumban la renuncia de Juan Carlos Olave, las responsabilidades por el fracaso deportivo asumidas por el presidente Jorge Franceschi y el alejamiento del entrenador Diego Osella.
Belgrano perdió la categoría porque enhebró una serie de errores que, todo indica, tuvieron su origen en una subestimación de la situación al momento clave de armar el plantel para esta temporada. Después, en el receso, el rearmado no alcanzó para revertir una realidad que venía muy torcida y, como sucede en estos casos, terminó en descenso.
Entonces Belgrano cumplió una temporada desastrosa, que pese a todo le dio múltiples chances para aspirar a salvarse, pero desaprovechó una a una. Las estadísticas son lapidarias, con indicadores contundentes: por ejemplo, fue 22° de 26, de sus rivales directos por la permanencia sólo le ganó a Patronato, tuvo uno de los ataques con menos tantos a favor, no ganó de visitante y sólo logró cuatro triunfos en la campaña. Fue un Belgrano a lo que se le sumaron la inestabilidad deportiva y la falta de un salto de calidad, evidente desde mediados de 2016 a ahora, tiempo en el que tuvo seis DT.
Los responsables de la debacle deportiva son los dirigentes (como aquellos involucrados en la toma de decisiones), los entrenadores y los jugadores, quienes estuvieron lejos de dar la talla tanto en lo anímico como en lo referido al juego. Pocas veces se ve que un club ordenado en lo administrativo, institucional y económico como hoy está la “B” pierda la categoría y ahora deberá revalidar en la B Nacional sus condiciones de Primera. En tanto, sufre el fútbol de Córdoba, al que el traspié de un hijo dilecto le ratifica todo lo que le cuesta consolidarse.
