Belgrano: la consigna de ganar chocó contra la realidad de una gran decepción
Un golpe al ánimo celeste. El Pirata contó con el mejor escenario para bajar al puntero, pero fracasó frente al arco del rival, que aprovechó la única ocasión de la que dispuso.
El telón cayó con aplausos, por más que nadie tenía ánimo de batir palmas. Fue, sin dudas, un acto reflejo o una cuestión de fidelidad, porque la bronca y la impotencia acumulada en 90 minutos fue tan grande como la multitud pirata que llegó al Kempes con la esperanza de alimentar su ilusión y marcharse con una de esas derrotas que desmoronan hasta al más optimista.
El hincha de Belgrano se marchó ayer con una cruz grande, sabedor de que el equipo acababa de dejar pasar una de esas chances que se presentan sólo de vez en cuando. Llegó con la esperanza de encontrarle una respuesta positiva a ese dilema "shakesperiano" que intenta descifrar: aquello de "ser o no ser" un protagonista con pretensiones y se dio un porrazo que duele.
Porque difícilmente los de Ricardo Zielinski dispongan de otra oportunidad en que los astros se le alineen de la manera en que se le ofrecieron anoche. Belgrano, acostumbrado a producir actuaciones heroicas o épicas –especialmente ante los "grandes"– perdió un partido de esos que dejan marca: ante un rival que le llegó sólo una vez y que lo aguantó con dos jugadores menos durante casi media hora.
Que quede claro: perder ante este Boca puntero y potenciado con la llegada de Carlos Tevez no era una quimera. Pero digerirlo después del escenario en que se le presentó el encuentro, resulta por demás amargo para quienes anoche coparon los tres cuartos habilitados del Mario Kempes.
La consigna
Está claro que no era necesario hacérselo saber al plantel, pero por las dudas la hinchada celeste le recordó a los jugadores, ni bien pisaron el césped, que “para ser campeón, hoy hay que ganar”.
La consigna rindió sus frutos para los 10 minutos iniciales, en los que Belgrano asumió decidido su rol de protagonista, con el cuchillo entre los dientes, aunque todo demasiado lejos del arco del tranquilo Agustín Orion.
Pero aquello fue apenas un impulso, una postal de arranque para el entusiasmo del hincha. Porque el desarrollo de lo que siguió fue un partido absolutamente equilibrado, ordinario, impreciso y sin llegadas. Y a los 36 minutos, en la única llegada clara de Boca en todo la noche, Fernando Gago capitalizó una jugada que inició Tevez y rompió la paridad. A partir de allí, la frustración empezó a acumularse entre los hinchas locales. Pero lo peor, aún estaba por venir.
Belgrano, que no había producido situaciones de riesgo en los 45 iniciales, desperdició la primera a los 13 del segundo tiempo, cuando Lucas Parodi tiró afuera una pelota de esas que cualquier delantero sueña tener en sus pies. En la jugada siguiente se fue Pablo Pérez expulsado y el empate parecía estar al caer. Pero cada ataque celeste en profundidad terminaba en un blooper, un resbalón, un mal tiro o un cruce oportuno.
La roja para Gino Peruzzi redobló la esperanza celeste, pero no hubo caso: el equipo pareció empecinado en conseguir el segundo gol antes que el empate y cuando tuvo el mejor panorama para revertir su suerte, transitó por sus peores momentos futbolísticos. El pitazo final se llevó la última ilusión. Los aplausos disimularon la bronca de una certeza: se dejó pasar el tren, sentado en la estación.
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