Así lo vivió un hincha de River y Talleres
Gastón Fonseca tuvo un doble dolor en la jornada de ayer. Pero dejó la pasión de lado y escribió este artículo.
La verdad que esta nota la tenía en mente escribirla después del partido del miércoles en Alberdi. Y hasta pensé escribir dos, viendo dos escenarios posibles. Pero pensé que no hay que adelantarse al futuro, aunque yo en mi mente lo haya hecho, y esta realidad que duele, que golpea, que deja atónita a la gente, pero que en lo personal, no me asombra del todo.Y son tantas las cosas que tendría que decir, que esto se haría interminable. Tantos sentimientos encontrados, tantas broncas, y hasta un dejo de felicidad y admiración, por gente que ha sabido saber hacer bien las cosas.
Todos saben de mi fanatismo por Talleres, y también de River, aunque viviendo en Córdoba mucha atención a su campaña no le he dado, pero eso no quiere decir que uno deje de ser hincha. Y hasta pensé en mi mente en ir a ver la reválida, pero lamentablemente me quede viéndolo desde afuera, y lamentándome.
Pero como nobleza obliga, no hay que desmerecer ni ocultar lo inocultable. Belgrano de Córdoba, si, de CORDOBA, ascendió a la máxima categoría del futbol argentino. Y hay que ponerse de pie, y aplaudir, esta hazaña que se dio en todos los órdenes. Un club que vive su mejor momento futbolístico e institucional. Un momento redondo, donde el club vuelve a primera, y a su vez vuelve a sus socios casi simultáneamente. Donde podemos tratar a Armando Pérez como Sr. Presidente, y ya no como Sr. Gerenciador.
Este club que llego a estar devastado en lo institucional se saneo casi completamente, y de estar ultimo en la categoría, paso a enmudecer una catedral del futbol argentino.
El trabajo hecho por los celestes es impecable, y merece ser aplaudido. Y por ello le doy mis más sinceras felicitaciones a los hinchas de Belgrano. Los verdaderos hinchas, a los clásicos hinchas. No esa cantidad de pseudo simpatizantes que mas que alentar por un club, esperaban una desgracia ajena. Mi deseo de darle la mano y decirle: “flaco, se lo merecen”, va para todos los que rieron, gritaron y hasta lloraron, numerosamente en el gigante del Barrio Alberdi.
Y hasta como hincha de la T, me pone contento que desde la capital, se acuerden que Córdoba existe. Y que es parte de la Argentina también. Por más de que algunos periodistas, inconscientemente lo traten como “el exterior”, hoy el país hablo de Córdoba, de Belgrano. El futbol de la tan bella provincia mediterránea vuelve a escribir una página en la historia del futbol grande de la Argentina.
Las cargadas van y vienen, es el folclore del futbol. Y todos tenemos con qué contestar. Haciendo un juego de historia y presente.
Pero una vez más remarco el merecimiento de los verdaderos hinchas. Porque sabiendo que no tengo la verdad del mundo, no logro comprender a aquellos que festejan las desgracias ajenas, y hacen reiteradas burlas y deseos de mala suerte al contrario, y hasta ir a alentar a Belgrano, deseándole solo el mal a River.
Yo prefiero quedarme con lo otro, con el futbol de caballeros. Con el futbol que hace, que un hincha de Talleres, como he visto varios en estos días, decirles que lo vivido en Alberdi fue una verdadera emoción, quizás más que las expectativas de la Copa América. Felicitarlos y conciliar las aguas, como en su momento Bianchi le regalaba la Intercontinental de Boca como un logro a toda la Argentina. Allá por el 2003. Con ese futbol del caballeros.
Hoy se fue un grande de la primera división, y personalmente, mas allá de Belgrano, no lo veo un motivo de alegrías. Mas allá del descalabro institucional que se vio por la entidad de Núñez. De años de malas decisiones y pésimas dirigencias, que vendían humo a la gente, mientras se ellos se retiraban con los bolsillos llenos. Y todo esto surtió efecto. Y River vio el fondo que jamás vio en 110 años de vida. Lo peor. Un descenso. Muchos serán los culpables. Pero es tiempo de decisiones. Sabias decisiones.
Me quedo con la felicidad y el llanto, pero no con la violencia. Como dije, con el futbol de caballeros. Ese que hace que me quede emocionado viendo la despedida del más grande de River, como es Enzo Francescoli, como también sienta admiración y nostalgia por la despedida de Palermo y Abbondanzieri, dos señores.
Con eso me quedo, nada más, con el festejo del triunfador, y con la humildad y el respeto del vencedor. Porque el futbol lo viven mucho, pero los que pasan a la historia, son pocos. Son aquellos señores que serán reconocidos en las tribunas por sus virtudes, y no por sus malas artes, tanto dentro, como fuera del campo de juego.
River va a tener que replantear muchas cosas. Y darse un baño de humildad, para aventurarse a lo desconocido, una nueva categoría, donde se gana con la garra y la frialdad mental, y no con nombres importantes.
Y para Belgrano, mi más grande admiración, respecto y felicitaciones por el excelente presente que pasan. “El libro de la historia del futbol está abierto, y ustedes tienen la pluma para escribirla”. La gloria del futbol de Córdoba esta en sus manos. Aprovéchenla.
Y para mis compañeros de Talleres y River, solamente la reflexión y una frase que me apasiona de Alejandro Dumas: “…y no olvidéis nunca que hasta el día en que Dios se digne descifrar el porvenir del hombre, toda la sabiduría humana estará resumida en dos palabras: confiar y esperar”.
Volveremos, se los aseguro.
