Arsenal después de “don Julio”
El “cambio de vida” en el club de Sarandí que fundó el viejo caudillo. Hoy, como presidente y DT, lo manejan sus hijos.
Hubo un tiempo entre 2007 y 2014 en el que Arsenal de Sarandí, el club fundado en 1957 entre otros por Julio Humberto Grondona, se coronó de gloria y se codeó con los grandes. En esos años imborrables, dirigido por Gustavo Alfaro, ganó la Copa Sudamericana (2007), el Torneo Clausura (2012), la Supercopa Argentina (2012) y la Copa Argentina (2012/2013), jugó cuatro ediciones de la Copa Libertadores de América (2008, 2012, 2013 y 2014) y convirtió su vieja cancha de madera del Viaducto en un coqueto estadio de cemento con capacidad para 18.300 espectadores.
Pero ahora soplan otros vientos en esa ciudad del partido de Avellaneda. Como nunca desde que ascendió a Primera A en 2002, el club que hace 16 años preside Julio Ricardo Grondona, el segundo hijo de “don Julio”, luchó por retener la máxima categoría.
El hijo
Dirigido por Humberto, su hermano mayor y su tercer técnico en la temporada, Arsenal pareció condenado a un descenso irreversible. Hasta que, a tres fechas del final del campeonato, un repunte inesperado le alivió la situación: luego de una racha positiva de 15 puntos ganados en las últimas ocho fechas, escapó del descenso y Humbertito hasta se dio el lujo de bromear en redes sociales con una remera con el “0”, en referencia a “0 descensos”, algo de lo que Boca (para cargar a River por su caída en la Promoción ante Belgrano en 2011) también hace alarde. En la cúspide de su poder político y personal, Julio Grondona nunca ocultó su predilección por el club que había fundado en sus años juveniles y movió sus vastas influencias para beneficiarlo a nivel local e internacional.
Varios árbitros de aquellas épocas se cuidaban de expulsarle jugadores y de cobrarle penales en contra a Arsenal para no quedar desacomodados ante la mirada del dirigente más poderoso de la historia del fútbol argentino.
Gestión Grondona
Además, “don Julio” canalizó inversiones de origen diverso para reformar el estadio y la sede social contigua. En el ambiente de la AFA, por entonces se rumoreaba que, para conseguir importantes contratos, varias empresas nacionales e internacionales debieron hacer contribuciones o tener alguna “atención” económica con la institución de Sarandí, cuestión de ganarse la buena voluntad de Grondona.
Pero todo cambió a partir de su muerte, el 30 de julio de 2014.
Los fondos frescos dejaron de llegar, la tolerancia de los árbitros no existió más y los malos resultados abundaron hasta que el riesgo de irse a la B Nacional se hizo concreto en esta temporada que terminó.
Luego de que Gustavo Alfaro, el director técnico de las grandes conquistas, se alejó en malos términos de “Julito” Grondona, Martín Palermo (2014-2015) y Ricardo Caruso Lombardi (2015) pasaron sin pena ni gloria por la dirección técnica.
Y el año pasado, el propio “Julito” le firmó un contrato al empresario Cristian Bragarnik para que gerenciara el fútbol. Pero la experiencia no concluyó bien, más allá de que el equipo ocupó el 4° puesto de la Zona A.
En el torneo que pasó, la urgencia fue tal que tres entrenadores (Sergio Rondina, Lucas Bernardi y Humberto Grondona) se terminaron sentando en su banco. “Humbertito” llegó en el receso de verano para reemplazar a Bernardi, quien había dejado su cargo para firmar con Godoy Cruz de Mendoza.
Y en su mando, al regreso del campeonato en marzo pasado, Arsenal enhebró una campaña pésima con un solo un triunfo (2-1 a Huracán de visitante) y 7 derrotas, 5 de ellas consecutivas.
A todo esto, se le sumó la eliminación por penales de la Copa Argentina a manos de Sacachispas que, por entonces, estaba tres categorías por debajo (anteayer ascendió a la Primera B de Buenos Aires). Esa derrota inesperada fue el punto más bajo de un equipo desmoralizado y sin línea futbolística y al que el propio “Humbertito” criticaba en público sin avergonzarse. El descenso a la B Nacional parecía ineludible. Pero, de pronto, desde allí surgió la reacción inaudita
Por eso sorprendió el repunte final. Nada permitía suponerlo y todo parecía anticipar un descenso inminente. Hay otro estado de ánimo en Sarandí.
Y, aunque no sobre nada y no se pueda cometer ningún descuido de cara al futuro inmediato, Arsenal respira un poco más aliviado y hasta se permite soñar como soñó en sus mejores tiempos: hoy enfrenta a Sport Recife por la Sudamericana, esperando dar que hablar en Brasil (ver aparte).
Después de aquel tiempo en el que la bandera celeste y roja flameaba en lo más alto del fútbol argentino, el objetivo es mucho más modesto: mantener la categoría otra vez. A eso apunta Arsenal ahora que el viejo caudillo ya no está más para protegerlo.
