Argentina en Córdoba, la selección del pueblo
Argentina se presenta hoy, a las 20.30, en el Kempes contra Bolivia, por las eliminatorias. Ayer, desde el arribo del equipo nacional y hasta entrada la noche, las demostraciones de afecto de la gente a los jugadores fueron incesantes.
De Córdoba se pueden decir muchas cosas. Le viene costando arrancar, le faltan unas cuantas luminarias y la explosión inmobiliaria le dejó poco espacio a su encanto colonial; pero también es una ciudad de corazón abierto y pasional, que conoce el sacrificio y no sabe qué es la resignación. Eso no se discute.
Si no, que lo digan los jugadores de la selección –algunos de los cuales fueron mentores de esta localía–, que ayer no tuvieron más remedio que dejarse querer por el fervor cordobés.Hoy, a las 20.30, Argentina se presentará en un Kempes repleto ante Bolivia, un escollo más en su camino hacia el Mundial de Rusia 2018. Pero ayer hubo quienes evadieron cualquier obstáculo para saludar a los ídolos. Y los jugadores, en un gesto extraordinario que debería ser habitual, les correspondieron.
Pequeñas historias
El vuelo de la selección aterrizó en el aeropuerto a las 11.23. Los futbolistas abordaron uno de los ómnibus que los esperaban en la pista y, allí, el contacto con la gente fue nulo. Cuando ingresaron al hotel Quorum, lo hicieron “con anteojeras”, como no queriendo mirar a las más de 200 personas que los esperaban. Hasta que algo cambió. Lionel Messi hizo la punta y el resto se encolumnó detrás, a saludar y regalarles una selfie a quienes los esperaban.
Cristian Cappellari es de Río Cuarto, aunque pasa mucho tiempo en Córdoba. Quiso ser futbolista, pero tres operaciones del corazón se lo impidieron. Ayer dedicó su día a la selección.
“Fui hasta el aeropuerto y, como andaba a pata y perdí el colectivo, me fui caminando hasta el hotel”, contó. La insolación de su cara así lo certifica. “Llegué tarde, pero alcancé a gritarle a Agüero: ‘¡Kun, me vine caminando desde el aeropuerto!’. Y ‘el Kun’ tuvo el gesto de decirle a un policía que me dejara pasar y me pude sacar una foto con él”, contó. Pero su travesía no terminó allí, porque a la tarde estuvo en la puerta del predio de Belgrano en Villa Esquiú, donde se entrenó la selección. Allí hubo muchos más (¿mil o más?).

El celo de una rigurosa seguridad llegó a extremos insospechados. Cuando llegó Armando Pérez, uno de los guardias se puso firme. “No puede pasar”, le espetó. “Pero soy el dueño de casa”, respondió el titular de Belgrano.
Desde adentro, llegó una orden (¿premonitoria?): “Es el presidente de la AFA, dejalo”. Así pasó Pérez. Y un ratito después, también Iván Etevenaux, que tuvo su foto con Messi.
Distinta fue la suerte de Walter Martínez, veterano de guerra y uno de los que más insistió para entrar.
"Vine a alentar a la selección y a darle una camiseta a Messi. Se la tuve que pasar con otra persona. Es la remera albiceleste, con el mapa de las islas Malvinas, que identifica a la Unión de Veteranos de Guerra de Córdoba", contó visiblemente emocionado.
No consiguió entradas para esta noche, pero no pierde la esperanza de que alguien se acuerde de él.
Claro que también hubo muchas mujeres. Verónica Fontana trabaja en la cantina de Villa Esquiú. Soñó con servirle un café a Javier Mascherano, pero no pudo ser. “Estuve toda la mañana en el predio, pero no me quedé y ahora no puedo volver a ingresar”, se quejó.
Puertas adentro, hubo una práctica liviana, con Di María al arco y con Messi como defensor. “El Tata” Martino repartió abrazos con “el Ruso” Zielinski y con “el Bicho” Flotta y no hubo tiempo para mucho más. A la salida, casi dos horas después, muchos aún los esperaban como centinelas de esos galácticos que, al menos ayer, dieron una muestra de humanidad.