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Argentina eliminó a Holanda y está en la final: la emoción llegó tras el sufrimiento

Por penales, la selección venció a la Naranja y el domingo definirá el título contra Alemania, como en 1986 y en 1990. Aquella vez con Maradona; ahora con Messi, Mascherano y un gran grupo.

10 de julio de 2014 a las 08:39 a. m.
Redacción La Voz
Argentina eliminó a Holanda y está en la final: la emoción llegó tras el sufrimiento
Argentina es finalista de la Copa del Mundo. (Foto: AP)

Las lágrimas valían la pena. Valían la emoción que se vivió ayer en el Arena Corinthians. En realidad, en toda la Argentina. En cada rincón del planeta donde un argentino sufrió con la definición de los penales. Llorá. No importa qué digan los que te miren. Había que llorar de emoción por semejante definición. Por semejante Mundial que viene haciendo la selección argentina. Sin convencer, a los tumbos, cambiando, combatiendo. Con mucha garra. Amor propio. Espíritu de grupo.

Este plantel se fue formando con el transcurrir de los partidos. En el Maracaná contra Bosnia, en el Mineirao frente a Irán, en el Beira Río ante Nigeria, en el Arena Corinthians con Suiza, en el Mané Garrincha contra Bélgica y ayer en San Pablo ante Holanda. Seis pasos.

Ganando con la justo en todos. Por un gol. O por penales. Hasta el último segundo esperando para gritar de alegría. Sí. Gritar con todas las ganas por un triunfo más. Por otro paso adelante, nunca para atrás.

Así ganó cinco partidos. Y el sexto, el de ayer, lo empató y tuvo que ir a los penales para llegar a la final.

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Las lágrimas estaban justificadas. Esperaban hace 24 años poder salir. Escaparse de ese rincón de los sentimientos reservados para ocasiones especiales. Como lo que sucedió ayer. Hace 24 años que Argentina no llegaba a una final de un Mundial. Muchos de los que están leyendo esto quizá no habían nacido en 1990. Otros ya festejaron en 1986 y en 1978. Pero no se pueden comparar. Cada uno tiene lo suyo.

Un grito de corazón

Y fue justo ayer, un 9 de julio, el Día de la Independencia de nuestro querido país. Tenía que ser feriado en Argentina para que todos lo pudieron ver delante de la TV a semejante partido. A semejante definición. La mayoría vestidos, pintados, camuflados de celeste y blanco. ¡Qué foto! ¡Qué imagen para nuestros próceres! Si la vieran… Dirían que todos estamos unidos por una misma causa. Defendiendo nuestros colores con la vida, si es necesario.

Muchos al leer esto dirán, qué exagerado. Preguntenlé a Javier Mascherano si no deja la vida en cada partido. Es conmovedor, además de verlo jugar con el alma, escucharlo. Disfónico. Sin voz. Él es el símbolo de esta selección. Luchadora. Que no se entrega. Nunca. Solidaria. Que no regala nada. Humilde. Que va paso a paso. Sin pensar más allá.

El destino quiso esto. Que no fuera fácil. Para nada fácil. Pero ahí está. Al alcance de la mano la tercera Copa del Mundo. Este equipo cuestionado. Que no brilla. Que no golea. Que por momentos no gusta. Todo ese equipo está en la final del Mundial. ¡Y es el domingo en el Maracaná! Lo ideal hubiera sido contra Brasil, pero tuvo un percance de siete goles ante Alemania.

Coincidencias

Sí, otra vez Alemania en nuestro camino. Como en las finales de 1986 y de 1990. Aquellas dos veces con el mejor del mundo, Diego Armando Maradona. Ahora también con el mejor de todos, Lionel Messi. Y las semejanzas con el Mundial de Italia son más aún. Se llegó a la final por penales (como ayer), nuestro arquero se convirtió en héroe (aquella vez fue Sergio Goycochea y anoche fue Sergio Romero), en el '90 se jugó en el estadio San Paolo y ayer fue en la ciudad de San Pablo. Ojalá que ahora tenga otro final. Aquella vez perdimos con un penal polémico y Alemania festejó su última Copa. Nosotros la habíamos levantado por última vez cuatro años antes en México.

Por eso las lágrimas. De alegría. De desahogo. De emoción. Algunas de tristeza, porque en el ambiente periodístico, sobre todo el de Buenos Aires, la muerte inesperada de ayer de Jorge “Topo” López (trabajaba para La Red y Olé) pegó fuerte. Y algunos jugadores de la selección, con los cuales tenía una buena relación (caso Messi), también sintieron la pérdida.

La emoción había comenzado mucho antes. Con los brazaletes negros en honor al gran Alfredo Di Stéfano, quien falleció el lunes en Madrid y todo el mundo futbolístico lo elevó a leyenda. Aún más. Por él se hizo un minuto de silencio antes que comience el partido que se definió por penales en San Pablo.

Y la lluvia lo hizo más emotivo. El frío también. Los hinchas argentinos saltaban, gritaban, cargaban a los brasileños por los siete goles que habían sufrido un día antes en Belo Horizonte. Todo se fue gestando para que sea inolvidable.

Hasta que llegó el grito final. El remate de “Maxi” Rodríguez, el gol para el 4-2, la corrida de todos los futbolistas argentinos, el abrazo con Romero. La cara de Messi. ¿La vieron? Parecía un chico. Salió despedido como uno más. Para abrazarse con sus amigos. En realidad, sus compañeros de selección. Era uno más. No era la estrella. Esta vez el equipo no dependió de él. Fue un equipo propiamente dicho.

Cada uno tenía un rol y se cumplió. Algunos mejor que otros, pero el objetivo se consiguió: llegar a la final del 13 de julio en el Maracaná.

El domingo a las 16 será la próxima cita. La última. Un partido que tuvo que esperar 24 años.

Por eso, ojalá no hayas gastado todas las lágrimas de emoción ayer. Ojalá que te queden algunas más para usar el 13.