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Argentina-Brasil, una suspensión de novela

La trastienda. Todo lo que pasó hasta que se decidió postergar el clásico para hoy, a las 21.

13 de noviembre de 2015 a las 09:20 a. m.
Argentina-Brasil, una suspensión de novela
La terna arbitral se puso de acuerdo con todas las partes y decidió suspender el juego una hora antes. (Foto: AP)

No fue el tristemente célebre “no se juega, boludo” que pronunció el entonces vicepresidente afista Juan Carlos Crespi para suspender aquel Brasil-Argentina, versión revancha de Superclásico de las Américas del 3 de octubre de 2012 en Resistencia por falta de luz.

Pero, más allá del exabrupto de aquella vez, hubiera hecho falta que un dirigente apareciera con la suficiente determinación y tino para que la decisión final sobre la suspensión del clásico sudamericano en versión eliminatorias se tomara más temprano.

Y no una ratificación a 40 minutos del inicio del partido, cuando se sabía que semejante lluvia había anegado a toda la zona desde el mediodía.

El “Crespi” de ayer fue Carlos Maglio. Sí, el árbitro internacional, que hoy es una especie de nexo entre el referato argentino y sudamericano y se encontraba acompañando a los jueces de ayer. “Es un día laboral, y cambiar la hora hubiese significado un problema muy grande para la AFA”, contó el juez. Finalmente el partido pasó para hoy a las 21, en el mismo escenario y aquellos que ya habían adquirido sus localidades van a poder ingresar a las instalaciones con el mismo ticket.

“Que vuelva Crespi”, recordaron varios periodistas que habían apreciado aquel episodio y que no estaban conformes con el protagonismo de Maglio en lugar del ahora secretario de Selecciones Nacionales de AFA, quien también estuvo en el Monumental, pero con perfil bajo.

La decisión sorprendió a cerca de dos mil personas que habían ido a la cancha ante la falta de comunicación oficial y a varios miles que se mojaron hasta la coronilla mientras transitaban por las calles aledañas.

Y hasta que Maglio pronunció esas palabras hubo una serie de episodios que podría dar letra a cualquier libretista, sin especificar rubro.

Una novela brasileña 

Si el campo de juego lucía inundado, inclusive peor que el Boca-River que hizo jugar Mauro Vigliano y el Argentina-Perú, por eliminatorias, el día del gol de Palermo, la planchita del entrenador Diego Maradona y el tiro de mitad de cancha de Vargas al travesaño, ¿por qué hubo tantos cabildeos?

Primero hubo que esperar que llegara la terna paraguaya encabezada por Antonio Arias, algo que ocurrió cuando faltaba poco más de una hora ya que, como a todos, le fue difícil llegar al Monumental.

Arias llegó, se cambió, fue a recorrer el campo de juego sin la pelota y lo dejó sin hacer declaraciones, al igual que la delegación brasileña. Unos minutos antes, habían hecho su arribo los planteles de ambas selecciones. Nadie decía nada.

El único que se expresó fue el vicepresidente de AFA, Claudio “Chiqui” Tapia. “Cayó más agua que la vez que jugamos con Perú, cuando nos clasificamos a Sudáfrica”, comentó el presidente de Barracas Central.

“La situación está muy difícil, esperemos que pare la lluvia. Esperemos a ver lo que dicen los árbitros”, dijo el veedor Alvaro Silva. Mientras, el público arropado con capotes, pilotos y paraguas ingresaba paulatinamente al estadio Monumental.

Se venía demorando

La suspensión comenzó a cobrar fuerza, pero nadie la hacía oficial. No llegaba la confirmación de la Fifa y de la Conmebol, pero fundamentalmente había que asimilar la decisión de Brasil.

El elenco conducido por Dunga quería jugar el partido o como máximo jugarlo hoy, pero a las 14. El único que se mostró disconforme con la decisión de las autoridades arbitrales, a cargo del paraguayo Antonio Arias, fue Gonzalo Higuaín: “Yo quería jugar, es una pena la suspensión”.

Fue el testimonio final. El que se sumó al del ya mencionado Maglio, quien confirmó que, a pesar del pedido de la delegación del scratch, de jugar el cotejo por la tarde, el partido iba hoy a las 21.

Luego, la suspensión fue refrendada por un comunicado afista y la expresión del vocero Ernesto Cherquis Bialo. La novela terminó, hoy se espera al fútbol.