"5J", el día que los hinchas de Talleres se hicieron periodistas
Aquel 5 de junio del año pasado en el que la "T" ascendió a primera, los matadores se las ingeniaron para ingresar a la cancha de All Boys de cualquier modo. Inclusive, con credenciales periodísticas.
Aquella del 5 de junio de 2016, en Floresta, fue una cobertura periodística inolvidable, de esas que dejan huella en la carrera de un periodista. Y la referencia no sólo ancla en lo profesional, si no también en lo humano. Ese ascenso de Talleres a Primera División, contra All Boys, tras 12 años de deambular en el ascenso, lo viví como una coronación a un trayecto de mucho esfuerzo, por haber acompañado al equipo en la mayoría de sus excursiones fuera de Córdoba a partir de su descenso al entonces Torneo Argentino A, hoy Federal A, luego en la B Nacional y ahora en primera.
En tantos viajes y kilómetros acumulados hacia destinos muchas veces impensados, topé con las repetidas figuras de hinchas comunes, ninguno “barra”, de distinta extracción social, que subidos a ómnibus, autos, camiones o en lo que el bolsillo permitiera, seguían a la a la “T” a cualquier lugar que fuere, con la esperanza de un objetivo que tardaba demasiado en plasmarse. De esos que meten la mano en el bolsillo, aunque la plata escasee, y se ligan algún insulto de "la patrona". Sólo mencionaré a algunos, con el riesgo de omitir a alguien: “el Colo” Batán, Enrique Cejas, José Cejas, “el Tato” Talleres, Daniel y Ariel Quinteros, “el Pichi” Atencio, el colombiano Williams Romero, Claudia Díaz Barrera y siguen las firmas.
A varios de ellos y a otros muchos camuflados que no pude divisar en las tribunas lo vi en la cancha de All Boys, a la que no podían entrar los hinchas visitantes, ingresando con credenciales periodísticas, comprando entradas en forma furtiva a la vuelta del estadio o a través de algún dirigente generoso del club local que accedía a venderle alguna “por izquierda” e indexada. Cualquier alternativa servía para estar presente en ese momento que resultó histórico.
Los vi llorar, buscar con quien abrazarse sin que los identificara la seguridad y tratándose de meterse a la cancha para abrazarlos a Guiñazú, Klusener, Burgos, Reynoso, Ramis, Chaves, Kudelka, Fassi o a quien pudieran “atrapar”. Y tampoco olvidaré ese abrazo silente y a escondidas que me dio Enrique Cejas, con los ojos empapados de lágrimas. Porque detrás de cada hincha hay una persona. Y detrás de cada persona, una historia para contar.
