Guillermo Farré y Belgrano es una relación que nació hace casi 15 años. Se dio cuando el volante central (tenía 26 años por aquellos días), llegó para sumarse a un equipo que le daba la oportunidad de tener un salto deportivo en su carrera. Fue en los primeros días de agosto de 2007 y Francisco Ferraro era el DT. El bonaerense, que venía de Central Córdoba de Rosario, se sumó al plantel.
Sin demasiado tiempo para trabajar, no ingresó en la primera convocatoria y debió esperar hasta el 18 de agosto de 2007 en lo que era la temporada de la B Nacional, para poder vestir la celeste por primera vez en el Gigante de Alberdi ante Chacarita (triunfo del equipo con gol de Matías Suárez).
El volante fue ganándose el corazón de los simpatizantes y un lugar en el equipo. Entonces aquella relación nacida con su llegada a Córdoba se hizo pasión interminable. Hoy, en 2022, el ahora técnico de Belgrano ya está radicado en nuestra provincia y junto a su familia pasaron a ser “cordobeses por adopción”.
Marcados a fuego
Jugador y club se fueron forjando con el correr de los años y los partidos. Ambos crecieron casi de manera paralela. Porque después de lo que fue el descenso de 2007, la institución comenzó a manejarse de otra forma, inició su crecimiento y en lo deportivo siempre se incluyó el nombre de “Guille”.
Estuvo presente en la Promoción de 2008, ante Racing Club, cuando el ascenso y la chance de bajar a un grande se escapó por poco. Pero el fútbol da revanchas y fue cuestión de paciencia para el jugador y el Pirata.
En 2009, fue el turno de jugar la Promoción ante Rosario Central, pero el volante no pudo estar en los dos encuentros con el Canalla, porque en la última fecha fue amonestado ante All Boys y, como había acumulado 10 tarjetas debió purgar dos jornadas de suspensión. Igual estuvo con la delegación.
Lejos de que el vínculo se rompiera, Farré y Belgrano seguían de la mano en busca de “la revancha”. El volante ya no era aquel jugador llegado desde el “Charrúa” para sumarse al plantel: junto con Juan Carlos Olave y Gastón Turus, eran los referentes del equipo.
Su voz se escuchó en las arengas. Además, a la hora de mostrarle a quienes llegaran al plantel por aquellos días “qué era Belgrano”, fue “el guía” para que nadie se desviara en el camino que se trazó puertas adentro del vestuario. Ya era un referente con todas las letras.
Para toda la vida

El ascenso de Belgrano en 2011, cuando mandó a River a la B Nacional, fue un eslabón más en la cadena que une a Farré con el club, que se metió en la historia del fútbol mundial y el nombre de Guillermo Farré se hizo conocido como el del propio Belgrano.
Fue el inicio de una época cargada de éxitos, donde el camino los llevó de la mano a jugar los torneos de Primera, a estar dos veces en el escalón inmediato inferior al campeón, a meterse tres veces en copas internacionales.
El crecimiento en la relación siguió y desde enero de 2016, el brazalete de capitán fue al brazo de Farré. Justo unos días antes, Gastón Turus, el histórico capitán, colgaba sus botines y le entregaba definitivamente la posta al “5″ del equipo. Ya venía Farré luciéndolo, pero el brazo derecho se adueñó finalmente de un legado histórico.
El actual entrenador estuvo en el club hasta junio de 2017, cuando con Jorge Franceschi como presidente decidió no contar más con sus servicios y no se le renovó el contrato. Guillermo estaba a días de cumplir una década en el club, ya los referentes que habían nacido con él y con la época de oro del equipo se habían alejado: Turus, Olave, “Teté” González y “el Picante” Pereyra no estaban en filas del equipo de Alberdi y como el gran capitán de la época de oro, también dejó el barco.
Un “no” que dolió
Su carrera lo llevó por Sarmiento de Junín y por Mitre de Santiago del Estero, pero ambos sabían que el “hilo rojo” los debía reunir de nuevo. Vino el intento de despedirse con la remera celeste contra el pecho, como para cerrar su carrera de jugador en el lugar en el que fue feliz, pero otra vez los dirigentes no tomaron la decisión esperada por la gente y con Ricardo Caruso Lombardi como entrenador, se le cerró la puerta y se fue a Río Cuarto, para que sus últimos días de jugador se dieran en Córdoba, pero no en el lugar que quería que fuera.
Siempre quedará en el corazón de todos los Piratas lo que le dio al equipo como jugador. La entrega dentro y fuera del campo, la forma en que se movió y en especial sus silencios de respeto ante determinaciones que le dolieron, pero que las acató sin queja.
Regreso y el sueño de todos

Después de unos meses de experiencia como ayudante de campo de Ricardo Zielinski (uno de los mejores entrenadores del país), su teléfono sonó y se lo invitó a que viniera para ser el DT del Pirata en la intentona de volver a Primera.
El primer fracaso de la era Luis Fabián Artime ya estaba consumado porque el entrenador Alejandro Orfila no había dado en la tecla con el 11 en cancha y el vestuario se había “complicado”. Entonces se fue en busca de alguien que tuviera “espalda” y diera una mano.
Inexperto, claro que sí. Pero un tipo que conoce cada uno de los rincones de Alberdi. A cada trabajador. Pero, en especial, que sabe perfectamente qué es Belgrano. Y como lo hizo cuando era jugador, otra vez se transformó en el guía para quienes vienen, para mostrar el rumbo que hay que tomar para que todos puedan conseguir el tan ansiado ascenso.
Hoy es Farré el DT, el que toma decisiones sobre quienes juegan y quienes no. El que debe llevar el grupo desde el vestuario de enfrente del de los jugadores. Ya no está con pantalones cortos. Pero es el mismo Guillermo Farré que llegó en 2007 y que, 15 años después, sigue ligado a Belgrano para que el sueño de ser de Primera se pueda hacer realidad.