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Tiempos de cambios en Argentina

Maradona ya evalúa en Ezeiza las variantes que hará en la formación titular para visitar el miércoles a Paraguay. La derrota ante Brasil pegó fuerte.

07 de septiembre de 2009 a las 09:31 a. m.
Hugo Caric
Tiempos de cambios en Argentina
Maradona quedó preocupado tras la derrota con Brasil y habrá varios cambios (Foto: Fotobaires).

En medio del peor final que se podía imaginar para el clásico del sábado pasado –con Brasil festejando el triunfo y la clasificación, y  un Gigante de Arroyito enmudecido– retumbó desde los altoparlantes un tema de Los Auténticos Decadentes: “Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con vos...”.

Fue inevitable relacionar aquellas estrofas fuera de contexto con el extraño caso de Lionel Messi y su rendimiento con la camiseta del seleccionado argentino.

No se trata de cargarle culpas al delantero del Barcelona –en definitiva, uno de los pocos que siempre pide la pelota–, pero resulta evidente que con la celeste y blanca "el Pulga" no disfruta del juego como lo hace en el club catalán. ¿Será la presión de que todos lo miren como un Maradona porque tiene la "10" y una zurda mágica, olvidándose de que Diego, además de aquello, tenía temperamento de líder dentro y fuera de la cancha?Lo cierto es que la última puesta en escena mostró al rosarino empecinado, individualista, sin decisiones que apunten a potenciar lo colectivo y finalmente fastidioso. Es que, cuando todos le auguraban una actuación consagratoria en su ciudad natal, él nunca pudo hacer valer su gambeta en velocidad. Fue previsible y casi siempre llegó desarmado al área brasileña, estrellándose contra alguno de los gigantes (Maicon, Lúcio y/o Luisao) que Dunga puso a defender.

¿Quién lo ayuda a crear?

Frente a Brasil, Messi enseguida descubrió que, para tener contacto fluido con la pelota, tenía que estar cerca de Juan Sebastián Verón. Desde su posición inicial de “doble cinco”, “la Brujita” jugó a un toque mientras pudo, dándole otra velocidad a la primera puntada de los ataques argentinos, y cuando se desgastó físicamente apeló al oficio, a la pausa y a esos atributos anímicos que todos le reconocen.

No alcanzó con todo eso que aportó el volante de Estudiantes, porque no hubo variantes por los costados (sólo en los minutos iniciales Zanetti y “Maxi” Rodríguez tomaron posesión de la parcela que quedaba entre André Santos y Robinho, sobre la derecha) y porque los volantes brasileños no tardaron en encontraron la vuelta a una apuesta casi sistemática. Jesús Dátolo mejoró en el segundo tiempo, cuando Diego advirtió que Maicon no salía de su “quintita” y entonces lo mandó a jugar de “doble enganche” con Verón, dejándole a Heinze la misión de escalar por la banda izquierda.

Zanetti trató de hacer lo mismo por el otro lado, pero sus resoluciones también fueron repetidas. Por entonces, Sergio Agüero ya se debatía entre los centrales con más empeño que ideas, y Tevez buscaba con más movilidad convertirse en otra alternativa para perforar el cerrojo brasileño.

El Plan C, el ingreso de Diego Milito, tampoco resultó, porque el delantero del Inter se estacionó sobre la derecha y no logró contrarrestar la diferencia de altura y de talla que le permitió a la visita sostener un triunfo que encontró en las dos primeras pelotas quietas que le cedió Argentina y que después aseguró superpoblando su propio campo y haciendo descansar al equipo en los pies y la cabeza de Kaká.

En el fondo no es bueno

La falta de creatividad y de variantes ofensivas no fue el único problema que desnudó la falta de una estrategia. El planteo defensivo fue, en el mejor de los casos, inocente. Hubo desacoples muy groseros y, con las evidencias sobre la mesa, cabe preguntarse si Pareja, Coloccini o el mismo Schiavi no hubieran sido más eficientes que la “pequeña sociedad” que se buscó rodeando a Otamendi con su compañero de zaga en Vélez.

Este nuevo “5 de setiembre” y el incómodo cuarto puesto en la tabla de posiciones aumentaron la incertidumbre. Maradona deberá buscar las respuestas. Más allá de elegir a los mejores, de la mística del ‘86 y del aliento que fue a buscar a Rosario y que el público le brindó casi a cambio de nada.