Tan grandes, tan simples
Guillermo Cosaro, nacido en marzo de 1989, tenía apenas 15 meses cuando Sergio Javier Goycochea nos hizo saltar hasta el techo cada vez que contuvo un penal en el Mundial de Italia '90, donde el arquero fue clave para ser subcampeones mundiales.
Por supuesto, el resto de los adolescentes y jóvenes que ayer recibieron los premios Estímulo ni siquiera había nacido en el inicio de aquella década. Ni qué hablar cuando Mario Alberto Kempes metió aquellos goles decisivos para que Argentina fuera campeón mundial en 1978. "El Matador" y "Goyco", dos íconos de nuestro fútbol, despertaron admiración ayer y lo hicieron con dos fórmulas claras. Una, la que se corresponde con la grandeza que supieron conseguir. Otra, la que se relaciona con la simpleza con la cual se sumaron a la fiesta.
"Voy a estar, hermano", nos decía Kempes el lunes cuando el escenario mayor del fútbol de Córdoba ya llevaba en forma oficial su nombre y él ansiaba volverse a su Bell Ville. "El Matador" cumplió y, con calor y todo, llegó puntual. Tras finalizar la conducción, Goycochea compartió momentos con ex colegas, accedió a pedidos de fotos y autógrafos y aceptó gustoso entrevistas. Ambos se fueron felices y agradecidos. Aunque más felices y agradecidos quedaron aquellos que se enteraron de sus hazañas por relatos de sus padres y comprobaron su simpleza en vivo y en directo.

