Si no cambia, será difícil
¿Tiene sentido pensar en la "chapa" de Argentina? ¿Sirve para tener esperanzas de cara al Mundial de Sudáfrica? Nada es como era.
El bolillero arrojó los nombres de Nigeria, Grecia y Corea del Sur. Pero podrían haber sido Francia, Ghana, Paraguay, Portugal, Costa de Marfil, Suiza o Chile. A esta altura no importan los nombres, sino que para el presente albiceleste todos los rivales son difíciles. No es abrir el paraguas ante una posible decepción. Es abrir los ojos ante una realidad irrefutable.
Para una selección que hace tiempo perdió el rumbo y que se clasificó a Sudáfrica agónicamente, en la última fecha de las eliminatorias sudamericanas, con un gol sobre el final, la chapa ya no tiene sentido, por más que los técnicos rivales tomen las precauciones y enumeren las virtudes de Argentina. Para un combinado que se ha convertido casi en un rejuntado de figuras que en el campo hacen lo que pueden ante la ausencia casi absoluta de ordenes (salvo la arenga facilista en idioma maradoniano) de parte del entrenador, el Mundial de Sudáfrica puede significar otra gran frustración para el fútbol de los argentinos. Encima, algunas de las individualidades de las que habla todo el mundo (caso Messi) todavía no rindieron en el nivel que muestran en sus equipos europeos.
El camino a los octavos de final de Sudáfrica 2010 no será sencillo. Los antecedentes recientes de Argentina son una alerta de que el equipo necesita un golpe de timón... un giro rotundo que les devuelva la confianza a los jugadores y que sirva para infundir temor real a los rivales. En los papeles, el Grupo B resulta accesible, demasiado, comparado con los grupos de la muerte de 2002 y 2006. En la cancha, para este pobre presente futbolístico, Nigeria, Grecia y Corea del Sur aparecen como grandes potencias. Faltan 186 días y hay tiempo para lavar la imagen.

