No están solos
Es importante que los hinchas, jugadores y dirigentes les demuestren de vez en cuando que no están tan solos. El análisis de Enrique Vivanco.
A Ángel Cappa algunos periodistas lo llaman Don Ángel. Llegó en el momento más crítico en la historia de River Plate. El contexto lo favorece. Todo lo que su equipo sume será ganancia. El periodismo lo respeta, la hinchada lo acepta, los jugadores lo apoyan; aún nadie lo cuestiona.
Pero él parece empeñado en castigar su propia imagen. Por cada frase prudente que sale de su boca contrapone otra llena de ira y de violencia. Hace unos días, un periodista le dijo de buena manera a Claudio Borghi que "dejara de renunciar" todos los fines de semana y que esperara por lo menos hasta diciembre para tomar una decisión.
Borghi no tiene enemigos. El periodismo lo respeta. Los jugadores miran sus propias miserias futbolísticas y lo defienden. Los dirigentes lo respaldan. Pero él también parece empeñado en dañar su propia imagen.
Tanto como a Cappa, y a pesar de la pobre campaña de su equipo (suma 10 puntos; está a 12 del líder, Estudiantes), los hinchas no lo hostigan; todavía lo aceptan. Pero él parece irse todos los lunes.
Sería aventurado decir cómo responderían River y Boca ante las renuncias de Cappa y Borghi y con la gestión de otros técnicos. Ya no es lo mismo hablar de ese tema en Alberdi.
No es hablar de supuestos si se plantean cambios en Belgrano por la asunción de Luis Ernesto Sosa.
Se fue Jorge Guyón, aceptado y querido por hinchas y jugadores. Llegó “Chiche”, con igual adhesión. Su primera frase, fue: “Soy interino. Volveré a coordinar las divisiones inferiores”.
El rendimiento de Belgrano fue paradójicamente consistente, en respuesta al “miren que vengo por un rato” del nuevo entrenador. Las prevenciones de Sosa fueron respondidas con tres goles, buenas actuaciones individuales y una mejoría colectiva.
El equipo lució más ambicioso. Pereyra volvió a hacer daño. Campodónico repitió el movimiento estratégico (se alejó del arco pero asistió más y mejor) que mostró con Rosario Central. Apareció Andrizzi. Habló "el Mudo".
Franco Vázquez insinuó lo que todos quieren que sea. En realidad, su tarea se facilitó por lo que hizo Andrizzi. Con una larga trayectoria y centenas de partidos en el lomo, Andrizzi duplicó sus pulsaciones para cumplir el doble rol de carrilero y de hasta hombre de área. Y cumplió con derroche. Hizo el primer gol, asistió al "Picante" en el segundo y le cedió todo el espacio de creatividad al pibe de Villa Carlos Paz.
Éste no subordinó sus intermitencias al deseo de mostrar lo mejor que tiene. Por el contrario. Vázquez desapareció, sí, pero un poco menos que otras veces. La diferencia fue que apareció más vivo, con más energía, con deseos de liderazgo, con afán de sobresalir. Es notable cómo Belgrano "limpia" su juego cuando la pelota pasa por sus botines. Es evidente el contagio a sus compañeros cuando sus intenciones son correspondidas.
Belgrano le ganó 3 a 0 a Independiente Rivadavia y generó más situaciones de riesgo que la suma de emociones de varios partidos anteriores. Fue persistente. Machacó y fue efectivo. Recreó con una llegada de gol tras otra, momentos casi olvidados. Ése fue Belgrano el sábado pasado. Un equipo que transitó márgenes de seguridad inéditos en este torneo. Lo plasmó con un técnico interino, que llegó a "dar una mano".
"La silla eléctrica" (el banco de suplentes) vuelve inseguro o demasiado prudentes a los entrenadores. Es bueno que los hinchas, los jugadores y los dirigentes le demuestren de vez en cuando que no están tan solos.afirmó Rufeil.

