Maradona, extraordinario y del montón
El próximo sábado Diego Maradona cumplirá 50 años. Brindará por un medio siglo bien vivido. Decir Argentina en cualquier lugar del mundo es sinónimo de Maradona.
Ahora, la figura de Lionel Messi, gracias a la gran máquina marquetinera de la televisión y también por su talento, es otro ícono de nuestro país. ¿Nos representan como argentinos? ¿Nos sentimos identificados con su forma de ser y de proceder?El jueves pasado, la Cámara de Senadores de la Nación premió la trayectoria de Maradona y le dio el "Delfo Cabrera" de orocomo deportista ejemplar.Semejante distinción abre por lo menos el debate. ¿Diego fue un ejemplo como deportista? Nadie pone en duda su enorme talento, el que lo llevó a lo más alto. Fue el mejor futbolista de toda la historia. Tampoco nadie desconoce su fuerza de voluntad para levantarse una y otra vez de cada traspié que muchas veces él buscó.
Deportista ejemplar podría ser aquel que sacrifica muchas cosas para ser un poco mejor cada día. Que no sólo se apoya en sus condiciones naturales, si no que busca la excelencia con el sudor, el estudio, la voluntad, las ganas, entre otras cosas más.
La historia del "Pelusa" comenzó en Villa Fiorito. En la pobreza. En los potreros. En el barro. En la lucha diaria, primero de sus padres ("Chitoro" y "la Tota") y luego de él, para salir de la mala. Y una pelota de fútbol lo sacó de ahí. Gambeteó todas las necesidades que sufrió. Soñaba con jugar en la primera de un club y salir campeón del mundo con la selección. Lo logró. Pero no se conformó. Fue por más, una vez que colgó los botines.Manejar semejante vorágine (de la nada al estrellato; de vivir con lo justo a tener lo que quisiera, no fue fácil para Diego. Y seguramente para nadie lo es. La droga lo ayudó y lo complicó, lo maltrató, lo marginó, lo estrelló. Una y mil veces. Esa ayuda fugaz conspiró contra su esencia.
"Perdí mucho de mi talento futbolístico por las drogas, si nunca hubiese tocado la cocaína, habría sido tres veces mejor jugador. No habría debate acerca de quién fue el mejor jugador que el mundo vio alguna vez, yo o Pelé; todo el mundo diría que fui yo", reconoció no se hace mucho Diego en una entrevista en Inglaterra. Y lo reiteró en una nota por la medianoche en TyC Sports: "¿Sabés qué jugador podría haber sido de no haber tomado cocaína?". Fue un grandísimo jugador. Pero lo que nos perdimos de ver...
Su mito fue creciendo por su forma de ser. Se peleaba con los poderosos, defendía a los más débiles. Con su soberbia, con su omnipotencia, con su falta de humildad, con su paranoia que buscaba (y busca) siempre enemigos. Parece que necesita de alguien para pelearse y defender, a capa y espada, su postura. Así genera amores y odios.
Como entrenador de la selección quiso ser el mejor, pero no pudo. No lo había logrado en su etapa de técnico en clubes. Luego de la eliminación en el Mundial de Sudáfrica, con el tremendo 0-4 ante Alemania (¿se imaginan lo que hubiera dicho Diego si el DT era otro?) todo se derrumbó. “No me arrepiento de nada. Volvería a plantear el partido con Alemania de la misma manera”, sostuvo la semana pasada Maradona, dejando en claro que la autocrítica no forma parte de su ser.
Y sobre sus posibles sucesores, Diego expresó: "Como observo al fútbol argentino, me sigo viendo entrenador de la selección. Yo respeto a todos. A Russo, a Sabella, a Ramón Díaz, a Batista... Pero acá no veo a ningún técnico que me supere".
Así es Diego Maradona, a días de cumplir 50 años. Un futbolista extraordinario, un entrenador del montón. ¿Deportista ejemplar? Parece que los senadores nacionales exageraron un poco con semejante distinción.

