Los árbitros, a puro bloopers
Hoy, los árbitros son más protagonistas que los jugadores. Pero eso no es nuevo. Si hasta cobraron un foul por jugar feo...
Un gol de Instituto anulado por un juez de línea "estaqueado", un tanto de handbol en Argentinos-Racing, un blooper en Inglaterra con pelota playera incluida y un juez que se olvidó del reglamento… Este fin de semana, los árbitros abandonaron en buen número su (¿habitual?) rol secundario y pasaron a ser principales actores. Pero el fenómeno no es nuevo. Un ejercicio de memoria rescató aquellos sucesos inolvidables protagonizados por los encargados de impartir justicia.
Hasta hoy, salvo algún familiar o amigo del hombre más abucheado, odiado y resistido de cada encuentro de fútbol, no se conoce a alguien que haya abonado su entrada para ver cómo cobra tal o cuál referí, aunque algunos, por su elevado perfil, pareciera estar convencido de lo contrario. Voluntariamente o no, algunos cotejos pasan a la historia porque el árbitro "se robó" el espectáculo.
Tiro libre innovadorEl 1º de agosto de 1982, Huracán y el Ferro de Carlos Griguol se enfrentaron por la tercera fecha del Metro \'82. En un partido aburrido y sin llegadas a los arcos, el árbitro Juan Carlos Demaro puso la nota de color al "fabricar" una innovación reglamentaria que derivó en escándalo.
Corrían 5 minutos del segundo tiempo, cuando cobró un tiro libre indirecto a favor de Huracán porque "Ferro jugaba feo". La insólita determinación, tomada después que los de Caballito jugaran durante un buen tiempo con pases laterales y sin intención de avanzar, derivó además en la expulsión de su capitán, Juan Domingo Rocchia.
Al término del encuentro, que finalizó 0 a 0, Demaro justificó su polémico fallo: "Ferro jugó cometiendo una actitud desleal. Yo actué así pensando en el público, que silbaba y no estaba contento". A pesar de su buena intención, el árbitro fue suspendido por varias fechas.
En CórdobaUn especialista cordobés en la materia fue Carlos Libertario Linossi, árbitro de la Liga Cordobesa de Fútbol que dirigió entre 1917 y 1965 -casi medio siglo- con la increíble suma de 2.500 partidos encima.
"El Loco", como se lo conocía, contó una anécdota suya en un reportaje concedido a La Voz del Interior en 1969. En una final de Tercera, entre Nacional (hoy Libertad) y Belgrano, Linossi debió recurrir a todo su ingenio para resolver una situación conflictiva con los mellizos Cherini, de Nacional. "Eran idénticos -recordaba- y yo había amonestado a uno de ellos. Por aquellos años los jugadores no llevaban números, y cuando cometió una nueva falta, le dije: \'Cherini, usted se va afuera\'. Este me miró y me dijo sorprendido: \'Pero Don Carlos, si a mi no me ha llamado la atención, cómo me va a sacar en la primera falta\'. Me pareció sincero, y entonces llamé al otro mellizo y le dije: \'Vos te vas afuera\'. Me respondió igual que el otro, así que los junté a los dos y sacando una moneda, les dije: \'Elijan, porque el que pierde se va\'. Así lo hice y sólo uno de los Cherini quedó en cancha".
Bloopers arbitralesCarlos Gallardo fue protagonista decisivo del único gol oficial convertido por Tomás Rodolfo Cuellar, defensor de Belgrano. Fue el 3 de agosto de 1975, en Alberdi, en un partido entre los celestes y Sportivo Belgrano, por la undécima fecha del campeonato Clausura.
Sobre el final del encuentro, y con el marcador igualado 1 a 1, un jugador celeste disparó con escasa puntería hacia el arco de los sanfrancisqueños. Cuando la pelota salía por uno de los costados de la valla del arquero visitante, Omar Espósito, la misma rebotó en el infortunado árbitro -parado sobre la línea de fondo- y volvió hacia el campo de juego, dándole la oportunidad al defensor de Belgrano, Tomás Cuellar, para lanzarse en palomita y lograr el gol del triunfo.
Algo similar ocurrió en Buenos Aires durante las primeras épocas del amateurismo, cuando los encargados de impartir justicia provenían de los mismos equipos participantes, que debían designar a uno de sus socios para que forme parte del plantel de árbitros.
El 4 de agosto de 1907, Mario Balerdi, árbitro del club Porteño, fue convocado por esas cosas del destino y del sorteo para dirigir un encuentro en el que su propio equipo enfrentaba como local a San Martín.
Con los dueños de casa en ventaja por 1 a 0, un jugador visitante remató al arco con violencia y su disparo impactó sobre el árbitro, introduciéndose la pelota en el arco. Para colmo de males, como si marcar un gol en contra de sus colores siendo árbitro no fuera suficiente, el arquero de Porteño no era otro que Escipión Balerdi, hermano del hombre de negro.
Las tarjetas rojasEl 12 de abril de 1975, el árbitro Osvaldo Peralta ingresó a la historia con una actitud insólita: expulsó a su propio juez de línea en el encuentro entre Lavalle y Juniors, por el torneo Oficial. Apenas iniciado el segundo tiempo, Peralta ordenó la expulsión del juez de línea Ramón Saavedra después que éste se demorara en sancionar una posición adelantada. Al finalizar el cotejo, un cronista de La Voz del Interior dialogó con los protagonistas del hecho.
El juez de línea dijo haber recibido la amenaza de ser expulsado si no prestaba colaboración. "Cuando pregunté el por qué, Peralta me sacó la tarjeta roja", contó. El árbitro, por su parte, aseguró que expulsó al línea "por no prestar la colaboración necesaria".
El porteño Claudio Busca fue otro de los árbitros que "se ganó el bronce" sacando la tarjeta roja. Fue el 30 de mayo de 1976, en el partido entre el puntero Huracán y el colista San Telmo, por el Campeonato Metropolitano de Primera División. Ese día, Busca permitió que el encuentro se jugara hasta el final, pese a que San Telmo quedó con cinco jugadores por la expulsión de otros seis.
San Telmo ganaba 1 a 0 hasta los 26 minutos del segundo tiempo, cuando el árbitro pareció enloquecer y comenzó a expulsar a los jugadores de San Telmo por cualquier motivo. Huracán logró empatar cuando faltaban siete minutos, en momentos que San Telmo se defendía con sólo seis jugadores por las expulsiones de Carlos Camejo, Roberto Minutti, Medardo Cloquell, Rubén Sarmiento y Pedro Coronel.
Sólo quedaban tres minutos de juego cuando Busca le mostró la tarjeta roja al arquero Arturo Wenner, quien se demoró en buscar la pelota para hacer un saque de arco. El volante Enrique Pisapia tuvo que improvisar de guardavalla, apoyado por sólo cuatro jugadores de campo. En el descuento, el delantero del Globito, Martín Rico, anotó un gol que ni sus propios hinchas celebraron. Busca fue sancionado y no volvió a dirigir por varias fechas.
Escándalos y piñasEl 14 de agosto de 1932, en La Plata, jugaban Estudiantes y River cuando un violento remate del delantero platense, Alberto Zozaya, dio en la parte inferior del travesaño y picó dentro del arco, de manera tan notoria que sorprendió la decisión del árbitro Vicente De Angelis de no otorgar el gol.
Ante el airado reclamo de los jugadores locales, el juez se retiró hacia los vestuarios, donde permaneció por espacio de 15 minutos. Grande fue la sorpresa de la concurrencia y de los jugadores al comprobar que el árbitro, tras reaparecer en el campo de juego, decidió otorgar el tanto que entonces protestaron los jugadores de River. El tanto se incorporó a la galería de hechos insólitos como el "gol de la casilla".
Otro gol que pasó a la posteridad fue el registrado en Montevideo el 27 de mayo de 1934, cuando Peñarol y Nacional disputaron la final de la Copa Uruguaya.
A los 63 minutos, con el marcador 0 a 0, el brasileño Bahía (jugador de Peñarol), levantó un centro contra el arco que defendía Eduardo García. La pelota atravesó el área, salió, pegó en la valija del masajista, volvió a la cancha, y mientras la mayoría de los futbolistas se quedaban quietos esperando que Telésforo Rodríguez cobrara saque de arco, Braulio Castro la envió a la red y el árbitro convalidó el gol. La cosa derivó en un escándalo de proporciones: los jugadores de Nacional rodearon al árbitro y le dieron una soberana paliza, por la cual debió ser hospitalizado. Lo más curioso, fue que el partido siguió a las órdenes del juez de línea Scandroglio, aunque éste debió suspenderlo pocos minutos más tarde por falta de luz. El tanto, muy recordado en Uruguay, pasó a la historia con el nombre de "el gol de la valija".
De buen humorPero para quien crea que lo impresentable sólo se da en esta parte del mundo, vale recordar lo sucedido el 14 de enero de 2002 en Inglaterra.
Brian Savill, árbitro del fútbol de ascenso inglés, decidió no volver a dirigir al no prosperar una apelación a su suspensión por siete partidos dispuesta por la Liga Inglesa. "No tienen sentido del humor", dijo en una ronda de prensa en la que anunció su retiro del referato.
Los días de Savill como árbitro estaban contados desde una semana antes, tras dirigir un partido sumamente desigual, en el que un equipo estaba goleando al otro. En esas circunstancias, el árbitro no se pudo contener al ver caer un balón mansito a sus pies dentro del área del vencedor y lo mandó al fondo de las mallas.
No contento con eso, convalidó el gol, que fue el segundo tanto de Wimpole 2000 en un partido que ese equipo perdió 20-2 ante Earls Colne Reserves.
"Una parte de mí lamenta el episodio porque dio lugar a todo esto. Pero la otra parte se siente satisfecha, porque le dio alegría a la gente", dijo Savill, cuyo gol fue muy festejado por los perplejos hinchas que siguieron el encuentro.
"En la vista (en que se estudió su apelación) dije que fue un impulso del momento que ni yo me puedo explicar", declaró Savill. "Pensaba que me darían una amonestación o, en el peor de los casos, una suspensión corta", agregó.
"No debí haberlo hecho, pero fue algo que hice con humor. (Las autoridades de la liga) No tienen el menor sentido del humor", manifestó.