Lo que puede un resultado
Una de las cosas que hacen sorprendente al fútbol, entre un arsenal de virtudes, es la mutación de los estados de ánimos que se produce cuando se termina un partido. Ayer, dos resultados de fútbol, nada menos que eso, armaron un cotillón de caritas felices en un equipo, y un rompecabezas de rostros tristes en otro. Todo esto a pocos días del clásico que jugarán Instituto y Belgrano en Alta Córdoba el próximo viernes.
El triunfo de los dirigidos por Ricardo Zielinski puso al Pirata, por primera vez en el campeonato, arriba de la Gloria (por diferencia de goles). La derrota de los muchachos de Claudio Vivas en San Juan le traslado a su plantel la exigente presión de tener que ganar el próximo partido para que el alud de críticas e insultos no deje a Instituto sin técnico, si es que no hay un cambio de rumbo en estos días y la dirigencia decide rescindirle el contrato (echarlo, en otras palabras) antes del Viernes Santo.
El del cotillón de caritas felices (Belgrano, por si vale aclararlo) viene descontando porotitos fecha tras fecha, aunque se sabe que el objetivo de la promoción sigue lejos, pero no es inalcanzable.
En la misma proporción, el que cambió tranquilidad por preocupación (Instituto), viene perdiendo terreno y sus hinchas, ya sin paciencia, ven cómo se les esfuma el cartel de candidato que supieron exhibir en algún momento del torneo.

