La pelota susceptible
A nadie escapa que los jugadores argentinos están cada vez más susceptibles, un problema de conducta que ya genera preocupación al punto de figurar en la agenda de la AFA.
El último fin de semana el arquero de Independiente, Hilario Navarro, se ofuscó porque su par de Boca recordó públicamente que se hizo un gol contra Vélez, y el aguerrido Hugo Barrientos también se empacó luego de que lo responsabilizaran de la rotura de Giovanni Moreno, jugador al que mantuvo a 50 centímetros del piso mientras duró en la cancha. Pero también están los que se enojan o se ofenden y hasta amagan con abandonar una cancha por cuestiones tales como una pelota desinflada, el sol en contra o una excesiva radiación UV a la hora de un partido.
Este tipo de contratiempos, muchos de ellos insignificantes, suele producir en los profesionales del fútbol expresiones terminantes, del tipo "así no dan ganas de seguir" o "no me siento valorado como jugador y como persona". Un caso emblemático de susceptibilidad es el de un jugador que años atrás renunció a la capitanía de la reserva de Deportivo Riestra porque el brazalete le ajustaba demasiado.
"Le dije al utilero que me ajustaba y me dejaba una marca antiestética en el brazo, al punto que temí que produjera algún principio de gangrena. Como nadie movió un dedo para aflojarla hablé con el presidente del club. Como la cinta seguía ajustándome sentí que en realidad no querían que fuera capitán del equipo y renuncié", aseguró en un programa partidario.
En esta línea de susceptibilidades, últimamente se ha puesto de moda que los jugadores se fastidien por los murmullos que bajan de la tribuna durante los partidos, cuando la pelota le llega a alguno cuestionado por su rendimiento."Los murmullos molestan porque no sabés que están diciendo de uno. Saltás a agarrar una pelota, sentís el rumor que baja de la tribuna y querés largar todo", asegura un quisquilloso arquero de primera división que atraviesa una etapa de serias dificultades para atrapar las pelotas que se lanzan sobre su área. Según las estadísticas, cuatro de cada cinco pelotas que le tiraron en los últimos 10 partidos se le pasaron entre los guantes como escurridizas anguilas de río, y a la quinta siempre le erró el puñetazo. Semejante performance ha generado un estado de inquietud, y por momentos de pánico, entre los hinchas.
"Prefiero que me griten cosas duras, como que salga con un poco más de seguridad por ejemplo, pero que me lo digan en la cara y no que murmuren, porque por lo bajo pueden estar diciendo cualquier cosa y uno tiene familia", agregó ofuscado el guardameta.
Sin embargo, algunos hinchas consultados sobre el contenido de estos murmullos coincidieron que en general no contienen agravios ni mordacidad alguna hacia el arquero, sino que son rezos o plegarias para que los centros que no atrapa no caigan en la cabeza de un rival.
Finalmente el más reciente ejemplo de susceptibilidad fue el malestar que aparentemente generó en el plantel xeneize, que el técnico Julio Falcioni hiciera “cara fea” en cada uno de los goles de Godoy Cruz el fin de semana pasado. Habría llegado a tal punto la molestia de los jugadores que apenas las pelotas ingresaban al arco miraban a su técnico para ver si seguía con la cara larga.
Un allegado a la dirigencia se refirió con preocupación a lo que ya se conoce como “la cuestión facial” diciendo que no se puede pretender que Falcioni (ni ningún técnico) tenga buena cara frente a una goleada, pero aceptó que las facciones del flamante técnico del equipo no ayudan.
"Como no podemos alterar la fisonomía del entrenador (implicaría una profunda y radical intervención quirúrgica), hemos pedido que diseñen un pasamontañas con los colores del club para que Falcioni se lo coloque y así evitar que los jugadores piensen que les está haciendo mala cara", agregó el vocero. "Hasta tanto esté listo, vamos a proveerlo de una bolsa de papel con sendos agujeros para los ojos", finalizó.Toda acción útil para evitar que alguien se sienta mal, es una contribución al bienestar general.
Gastaron salivaAl delantero argentino de Nápoli, Ezequiel Lavezzi, y al defensor de Roma Alessandro Rossi, les dieron tres partidos de suspensión por protagonizar un pegajoso duelo de escupitajos durante el partido del fin de semana.
Según quedó registrado en las filmaciones del partido, Rossi pasó cerca de "Pocho" y le disparó un gargajo en movimiento (como combaten actualmente los tanques de guerra), pero no contó con la rapidez de Lavezzi para responder a la agresión con un salivazo de igual o mayor calibre.
Según explicó Rossi en su descargo, su objetivo no era agredir a Lavezzi sino producirle una pátina de saliva en la frente con el objetivo de dificultarle los cabezazos al argentino. Por su parte, el argentino habría respondido al ataque para disuadir a su contrincante y evitar así nuevos impactos. Si bien se considera una práctica deplorable desde el plano de la urbanidad, hay quienes rescatan los duelos a salivazos porque a diferencia de los lances a pistola o arma blanca, son absolutamente incruentos.
Los duelistas acuden al campo del honor con sus respectivos padrinos, se ponen espalda contra espalda, caminan cinco pasos, voltean y se escupen. "Puede parecer asqueroso, pero los desafiantes se sacan las ganas y nadie sale lastimado", aseguran los defensores de estas prácticas.

