La Gloria sufrió a los árbitros
Instituto empataba 2-2 con Quilmes y al final convirtió un gol que el juez Sabino anuló en un grave error. La directiva reclamará los puntos.
"Disculpen, no". Con estas palabras cortantes y un gesto imperturbable tallado en su rostro, el árbitro Alejandro Sabino rehusó enfrentar a los periodistas que aguardaban sus explicaciones en la antesala de su vestuario en la cancha de Quilmes. Acompañado por sus asistentes, Carlos Borgarello y Adrián Pérsico, y flanqueado por dos oficiales de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, se subió a un patrullero y a las 19.07 abandonó el estadio cervecero, luego del empate final 2-2 entre Quilmes e Instituto.
Sabino no habló. Tampoco, sus colaboradores. Por eso, no se tendrá la versión oficial de por qué, a los 42 minutos del segundo tiempo, el árbitro decidió anularle a Leandro Zárate un gol lícito, y por qué retrotrajo dos casilleros, una jugada que había empezado con un córner a favor de Quilmes y que la propia dinámica de las acciones de juego había superado. El error fue vital: privó a Instituto de su primera victoria como visitante en el torneo y de la punta, al menos hasta hoy. Casi nada.
Los hechos. Hubo dos equivocaciones inexcusables. Primero, el tiro de esquina lanzado desde la izquierda por Diego Cardozo no había salido antes de que lo descolgara Jorge Carranza. El primer asistente, Carlos Borgarello, alzó su banderín en el acto. Y como Sabino no reparó en él, se quedó con la mano levantada en alto todo el tiempo, mientras el juego seguía.
Carranza sacó rápido el contraataque para la Gloria y la pelota, rechazada por un hombre de Quilmes, salió al lateral. Del lateral, el balón fue a parar a los pies de Martín Zapata, quien se fue por la derecha y lanzó el centro que, de cabeza, Zárate envió a la red, mientras Borgarello seguía marcando, y el banco y la platea quilmeña se desgañitaban reclamándole a Sabino que fuera a ver a su asistente.
Del cabildeo entre ambos, salió una decisión inconcebible: en contra de lo que marca el reglamento, Sabino avaló la indicación de Borgarello y anuló todo lo sucedido luego del tiro de esquina. Olvidó algo esencial: al haber salido la pelota al costado y al haberse puesto nuevamente en juego, aquella acción había quedado superada. En consecuencia, el gol de Zárate era perfectamente válido.
Las palabras. Como era de esperar, el camarín de la Gloria hirvió de bronca tras el partido. Todos los dardos fueron dirigidos hacia la cabeza del árbitro. Pero nadie le pegó más duro a Sabino que Marcelo Bonetto.
"Esto es una vergüenza. Si no fuera por los errores arbitrales, Instituto estaría puntero", dijo el entrenador, quien amplió: "El otro día contra Aldosivi, un remate de Gagliardi pegó en una mano que no estaba pegada al cuerpo y no nos cobraron penal. Ahora, hubo un penal clarito que no nos cobraron en el área de Quilmes, y, encima, este gol, que no nos pudieron decir por qué lo anularon. Estoy cansado de que los líneas jueguen a favor de los rivales", soltó Bonetto con bronca cada vez mayor.
“Instituto jugó su mejor partido en el campeonato y nos quitaron dos puntos que eran nuestros. En el partido anterior, también nos quitaron otros dos puntos. ¡Basta! Si tenemos pretensiones de ascenso, no podemos seguir permitiendo esto. Lo de hoy fue lamentable. No voy a decir nada más, muchachos. Estoy que vuelo”. remató Bonetto.
Otros jugadores prefirieron morderse las palabras y no arrojarle más nafta al incendio. El daño ya había sido causado y no había manera de arreglar la injusticia que dejó a Instituto con su furia al descubierto.