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La alegría del wing

Instituto y Racing propusieron un juego abierto y audaz. Ambos ganaron. Fue e gesto de mayor apertura y de libertad para buscar la victoria.

14 de septiembre de 2010 a las 12:23 a. m.
La alegría del wing

Fue el fin de semana del wing. Sábado a la noche en Alta Córdoba. A Bergese le mastican los talones. Llega apuradito al fondo de la cancha y tira el centro atrás. Leandro Lázzaro, que antes lo había habilitado de cabeza, recoge el pase y toca al gol.

Unos minutos después, no fue Bergese pero sí Zapata, el que en posición de wing derecho tiro el centro atrás y apareció Canever  como un wing izquierdo para cruzar un zurdazo que terminó en la red jujeña.

El domingo a la tarde en Nueva Italia, Rivero clava la punta del botín derecho en el piso, casi pica la pelota para que en un corto trayecto gane altura y sea tomada de cabeza por Olivera. 1 a 0. Un rato después, al mismo gestor le resoplan la espalda. Ya cuando la pelota parecía salir de la cancha, gira y tira un centro atrás que cae en la cabeza de Olivera, que repite el armónico gesto del primer gol para darle la victoria a la Academia.

Casualmente una semana atrás se hablaba de la disciplina de los jugadores y de los técnicos para adherir a esquemas y formas de juego rígidas, con escasos matices.

Y en Instituto aparecen una noche Zapata, Gagliardi, Lima, Bergese, Lázaro, Godoy y Canever para darle un aire renovado a un equipo hasta hace poco confundido, y para ofrecer un final de primer tiempo con centros y peloteo constante sobre el arco adversario, en un paisaje inusual y ya casi olvidado.

Racing jugó sólo con Valero para la marca. El resto lo miró mucho más a Mancinelli que a su propio arquero. Molina, Artura, Velárdez, Rivero y Olivera fueron al frente. Golpe por golpe fue la apuesta. Derrotó a Estudiantes de Río Cuarto por dos centros de wing y por dos cabezazos de centrodelantero.

Nada garantiza que estos equipos con estas mismas estructuras generen triunfos en cadena. Nadie asegura que por poner a menos jugadores para la marca y más para armar juego, el triunfo llegue por ese peso.

En todo caso, lo que vale la pena rescatar, y aunque estas victorias sean sólo una circunstancia en el medio de un prolongado calendario, es el gesto de mayor apertura y de libertad para buscar la victoria.

Instituto ganó y jugó su mejor partido. Racing no jugó bien pero apostó por el triunfo y también ganó. Sus métodos fueron amplios, claros y básicamente, generosos. Buscaron la manera de ganar y también de agradar. "Basta de tirarla arriba. Toquemos, juguemos por abajo", clamó Bonetto cuando se hizo el silencio en medio de un segundo tiempo caldeado y farragoso...

La referencia al wing es simbólica. Fue el estandarte de una época.

Fue la figura del jugador más vinculado a la locura, a la improvisación, a la desfachatez. Fue el hombre que se acostumbró a vivir cercado entre un ogro marcador y una raya-abismo. Fue por eso mismo el hombre obligado a hacer equilibrio y a promover desequilibrio.

Fue el jugador de la alegría. Lo fueron Bergese y Rivero. Por un momento también, Zapata y Canever. Los wines aparecieron como fantasmas. Ojalá vuelvan pronto.