Julio Olmedo disfruta de su nieto y de correr con los jóvenes
El Cabalén le confió sus secretos. Los desentrañó el “interminable” piloto, que hoy sigue acelerando y ganando como en el día de su debut.
El próximo 25 de mayo, coincidente con el Bicentenario de la patria, Julio Argentino Olmedo, cumplirá 61 años. Por estos días transita su 37ª temporada dentro del automovilismo deportivo provincial, tras ganar hace pocos días, en el Cabalén, la fecha apertura del Turismo Promocional 1100.
Precisamente el autódromo cordobés es uno de los circuitos que no tiene secretos para Olmedo, quien festejó allí más de la mitad de sus 50 triunfos. "Al circuito número 2 del Cabalén lo conocí cuando recién lo estaban trazando y compactaban la tierra –apunta Olmedo–. Solía ir con amigos a probar y nos trenzábamos en improvisadas carreras por cerveza o un asado como premio".
Consultado por el "secreto" para ganar en el autódromo, Olmedo medita y dice: "Lo importante es saber frenar antes que acelerar, porque tiene curvas como la dos y la de atrás de la confitería que te obligan a dosificar el acelerador y frenar lo justo, para que el auto salga rápido en lugar de entrar a fondo; eso es todo. El vehículo tiene que deslizarse, llevarlo 'finito' con la punta de los dedos y sin trabar el volante, porque por sus 100 HP de potencia, si al auto le doblás el volante el auto entra 'muerto' a la recta y perdés más de 300 revoluciones por minuto. Les enseño a los chicos que corren conmigo que piensen antes de acelerar, porque creen que por pisarlo de más se puede ganar carreras y no es así".
"Más de una vez me subo a sus autos y les indico cómo encarar cada curva. Es una manera de devolverle al automovilismo todo lo que me dio en estos años", reflexiona el bicampeón de los Fiat 128 en 2005 y 2006.
Del museo a la pista
"Mi pasión por los autos nace desde chico, viendo pasar los grandes premios de Turismo y TC en la década del '60 junto a mi padre", aclara Olmedo. "Tuve la suerte de trabajar como mecánico en varios talleres y ello me llevó a correr primero en moto y después en los autos. Tenía un Renault Gordini y me fui un día al Pan de Azúcar junto a Alberto Bruni a probarlo. Ese día estaban ensayando Miguel Torrás y Jorge Meriles. Los seguí un tramo, me les acerqué y comprobé que no desentonaba. Allí armé bien el Gordini y debuté en el triángulo de Villa Allende en 1973. Tuvieron que pasar años, hasta 1981, para que ganara mi primera carrera en San Francisco", comenta Olmedo, con nueve subcampeonatos.
Si bien con sus 37 años corriendo y sus 60 de edad el retiro parece estar cerca, Olmedo ni piensa en ello. "En 2005, el grupo de amigos del Museo de la Industria donde trabajo me dijeron que fuera pensando en dejar de correr. Los miré y no les dije nada. El año pasado llevé el Fiat 128 y lo dejé en el museo donde estuvo desde octubre hasta que me decidí a correr de nuevo este año. Le sacamos la tierra, lo llevé al taller y tras una pasada en limpio, gané en el Cabalén".
"Ya llegará el momento de retirarme –acota Olmedo–. Hoy disfruto de este momento de correr con los jóvenes, de mi trabajo en el museo, de mi nieto Agustín de sólo tres meses, de tener una salud envidiable y de que algunos me digan 'el Abuelo veloz\'".

