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Frustraciones técnicas

05 de mayo de 2011 a las 10:34 a. m.
Frustraciones técnicas

La comentada conferencia de prensa del técnico de Real Madrid, José Mourinho, luego de la victoria del Barcelona en el partido de ida de la semifinal española de la Liga de Campeones de Europa, dejó clara la pertenencia del DT portugués a la corriente futbolística que impulsa la abolición de la derrota para determinados equipos (en su caso Real Madrid), un cuerpo de ideas que cada vez gana más adeptos entre los técnicos.En líneas generales, los entrenadores que adscriben a esta línea de pensamiento abolicionista sostienen que las derrotas sólo deben ser padecidas por sus rivales, reservando para sus equipos las victorias o, en el peor de los casos, algunos empates.

El fundador de esta corriente fue el recordado DT polaco Wenceslao Chmzwsk, apodado “el Señor de los Descensos”, por haber bajado de categoría con 14 equipos distintos (5 polacos, 3 belgas, 2 bielorrusos, 2 estonios, uno de Fiji y uno de Tonga).

Alejado tempranamente de la dirección técnica, tanto por prescripción médica como por la sensible disminución de ofertas laborales, Chmzwsk dedicó el resto de su vida a analizar las razones de su mala performance como entrenador. Sus conclusiones llegaron al público a través de su libro autobiográfico Inconvenientes e incomodidades del exitismo (Editorial Polaco Zemenewikz, 1974), cuyas dos primeras ediciones fueron agotadas por hinchas de los equipos que dirigió, quienes las adquirieron masivamente para incinerarlas en populosas hogueras, sin siquiera abrir un ejemplar.

Atemorizados por estas reacciones que incluso se dieron en Tonga (en su momento los hinchas de Defensores de Polinesia intentaron arrojar al propio Chmzwsk por la boca de un volcán), los editores consideraron que estaban frente a un éxito editorial demasiado combustible y se negaron a seguir imprimiéndolo, por lo que sólo sobrevive un ejemplar bajo custodia, en una biblioteca pública de Cracovia.

A lo largo de sus 22 páginas (producto de 25 años de pensamiento reflexivo), el entrenador polaco culpa de su mal paso por la dirección técnica a la sucesión de derrotas que padeció en cada equipo que dirigió. A partir de esa certeza sostiene que si sus dirigidos hubieran ganado y/o empatado en lugar de perder sistemáticamente, seguramente habría sido un técnico exitoso.

Sobre esta reflexión es que elaboró un cuerpo teórico que impulsa una modificación reglamentaria en el fútbol, para que determinados clubes no pierdan nunca. De esa forma un grupo de técnicos tendría asegurada su continuidad a lo largo de décadas, y brindarían conferencias de prensa plenas de buena onda y con destellos del mejor humor.

Lejos de ignorarlas, la Fifa está al tanto de estas ideas y las rechaza de plano, al punto de haberlas declarado heréticas en un plenario del año ’87. De hecho, el organismo intentó infructuosamente apoderarse del solitario ejemplar de Cracovia, con el único objetivo de utilizarlo como combustible para la caldera de la sede central.

En uno de los operativos fue enviado el mismísimo Jeremías Blatter (sobrino predilecto de Joseph y telefonista en jefe de la Fifa), fingiendo ser un lector que solicitaba el préstamo del ejemplar, pero fue expulsado de la biblioteca cuando se descubrió que intentaba devorárselo para hacerlo desaparecer (habría logrado engullir cuatro páginas).

“Cuando Mourinho dijo que a veces le da asco vivir en este mundo, la destinataria de semejante afirmación fue la Fifa, por su negativa a modificar el reglamento para que determinados equipos no pierdan, en particular los que él dirige”, aseguró un decodificador de los mensajes ocultos en los discursos del entrenador. Y todo indica que en la soledad de la habitación del hotel que ocupó durante la revancha, dijo cosas decididamente peores.

Desde Zurich acusaron el impacto, pero retrucaron que, por más que presione, todos los equipos del mundo estarán sometidos a la posibilidad de perder salvo que la eviten a través de sortilegios o encantamientos, sobre los cuales hasta ahora existe un "vacío legal". Por el momento, y a pesar de los apremios de Mourinho, el espíritu del fútbol está todavía a salvo.