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Franklin, el olvido y la memoria

Lobos fue uno de los 33 mineros rescatados de la mina San José. Antes, había sido un exquisito volante chileno que deslumbraba junto a Iván Zamorano.

16 de octubre de 2010 a las 06:13 p. m.
Franklin, el olvido y la memoria

Emergió sonriente de las entrañas del yacimiento San José, después de recorrer los 622 metros de rigor en la cápsula Fenix 2, se fundió en un emotivo abrazo con su hija Carolina ("mi regalona") y luego se puso a hacer jueguitos con una pelota que tenía escrita la leyenda "te estamos esperando". "¡Ganaste el partido de tu vida!", le exclamó el presidente chileno Sebastián Piñera, mientras la TV ponía el sobreimpreso "rescatado" sobre la figura del minero número 27 y un cántico futbolero se escuchaba de fondo en el Campamento Esperanza.

El "Olé, olé, olé, olé, Franklin, Franklin..." endulzó sus oídos como nunca antes. Y eso que en 15 años de futbolista profesional, con 144 partidos en el lomo, había convertido 86 goles y deleitado con su habilidad a los hinchas de siete equipos de su país.

Por entonces, a Franklin Erasmo Lobos Ramírez –exquisito mediocampista que integró el seleccionado chileno que clasificó a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles '84– se lo identificaba con el número "10" y era popularmente conocido como "el Mortero Mágico" o "el Rey del Tiro Libre".

"Fui diferente para pegarle a la pelota", admitió Lobos en una nota al sitio oficial del club Cobresal, cuya dirigencia hoy evalúa rebautizar con su nombre al estadio "El Cobre", donde supo tirar paredes con un promisorio Iván Zamorano.

La etapa posterior al retiro lo mostró lejos de las grandes luces, siempre ocupado en procurar el sustento para que sus dos hijas pudieran seguir los estudios universitarios. "La verdad es que a mi hermano nunca lo ayudaron, ni los clubes donde jugó ni el Sindicato de Futbolistas", se quejó Abraham Lobos, apenas se supo que, tal como había sucedido en 2006, su hermano (ex taxista, ahora chofer) había quedado atrapado en una mina.

Dos meses después, hasta la Fifa lo reclama. Cualquier similitud con otras historias futboleras, no es casualidad. Todo se hunde en la niebla del olvido pero cuando la niebla se despeja el olvido está lleno de memoria.(Mario Benedetti)