Fiesta albiazul y escándalo clásico
Racing ganaba bien, pero el líder Talleres, con nueve, le empató al final. Luego, varios jugadores se tomaron a golpes de puño. Video.
El clásico entre Talleres y Racing ya tenía su título. El 1-1 llevaba la dinámica de lo impensado que siempre proclamó el genial maestro Dante Panzeri. La jugada genial de Marcelo Bergese que le dio el merecido 1-0 parcial a Racing sobre el líder. Porque "el Chelo" remató al arco, por encima de la marca de Federico Lussenhoff, cuando todos esperaban el centro. Y, al final, el empate de Adrián Aranda. Un pase a la red como cierre de una larga triangulación que contempló una combinación entre Martinelli y Solferino –el máximo artillero albiazul– ocurrida en la bola del final y con Talleres sin Guillermo Cosaro y Julio Buffarini, quienes habían sido expulsados un rato antes. Ese título podría haber pendulado entre "Racing no supo ganarlo" o "A Talleres lo salvó sus goleadores", según el color del corazón.
Unas pocas palabras que le cambiaban el humor a las 27 mil personas que hicieron temblar al Chateau. Bramaban los hinchas de la Academia por la victoria parcial entonando el clásico “Soy de Racing”. Le hacían fuerza al “Yo a Talleres lo quiero”, que entonaban los que eran más, como reconocimiento y despedida por el esfuerzo entregado, pese a la derrota parcial. Inclusive varios plateístas decidieron retirarse, después de la expulsión de “Buffa”.
La “imagen” del final
Pero el gol de "el Bati"Aranda cambió los ánimos de la gente y también de los jugadores de ambos equipos. Los goles y los sentimientos encontrados que determinaron en los hinchas, parecían ser el prólogo exacto para una retirada que debía transcurrir entre propios, pensando en un futuro más venturoso. Una imagen que jamás debió ser la del bochorno final.
El que se armó entre el que no supo ser feliz después de un 1-1 agónico a que suena a victoria porque se consiguió con dos jugadores, y prefirió dedicarle el triunfo al rival porque sintió que lo había “relajado”.
Y el que decidió responder a la provocación con agresiones para ¿vengar? lo que por propia voluntad había dejado escapar en la cancha porque un par de jugadores privilegiaron su historia personal antes que la del equipo.
Apenas terminó el juego, varios jugadores de Talleres encararon hacia el autotrol para festejar. Pero otros, a la pasada, decidieron dedicar el triunfo a los de Racing, principalmente a Artura, surgido en el semillero albiazul, porque sentían que los había relajado.
El volante reaccionó (le habrían tocado la nuca) y fue a repartir golpes contra Galíndez, Cosaro y Monay. Se sumaron Fernández, Antonio, Castillo y el directivo académico Sergio Martínez, calentitos porque además, un jugador albiazul les había gritado el 1-1.
“Me metí a la cancha porque un tipo de la Fundación Azul y Blanco me cargó y le pegó una trompada a Molina. Se metió al vestuario. Si es tan valiente que venga y nos cagamos a trompadas los dos solos”, decía Martínez. “Ingresaron a separar”, le contestaba Ernesto Salum, titular del grupo de auxilio económico del fideicomiso albiazul.
Al tiempo que la montonera avanzaba hacia el autotrol se dieron varios combates de fondo: Castillo contra Solferino y luego contra Galíndez, Antonio-Monay. La calma renació y luego llegaron los “justificativos”. Le dedicamos el triunfo porque nos estaban relajando. Artura sobre todo. Nos calentamos”, dijo Galíndez. “No le pueden pegar a Artura. Parece que porque es Talleres, no se les puede decir nada. Nos empataron, nos fueron a provocar. Entraron particulares y los jugadores nos defendimos”, contestó Molina.
El árbitro de criterio reprochable (roja a Cosaro por doble amarilla versus "vista gorda" al penalón que le hicieron a Molina y a la "mano penal" de Vangioni) sólo sacó una amarilla a Ávalos. "Menos mal que la gente no se contagió", resumió Ricardo Marín. Que la imagen del final no sea el recuerdo más fuerte del clásico. Ojalá.