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Espejo doble

Hindú y Estudiantes de Río Cuarto salen con un particular cruce familiar: los hermanos Arrigoni se miden afuera y los mellizos Imaz, en la cancha.

15 de enero de 2010 a las 07:30 a. m.
Espejo doble
Familiarizados. Todos buscan lo mismo: ganar. Pero al frente tendrán a su hermano.

"Es muy raro enfrentar a mi hermano. Si me preguntaras ahora quién querés que gane, preferiría que fuera Claudio. Pero una vez que empezás a jugar, querés ganar. Igual, si se pudiera, firmaría el empate. ¡Ja! Eso sí: que sepa desde ya que si perdemos la bronca me va a durar varios días", dice Marcelo "la Pepa" Arrigoni (45 años), el técnico de Hindú, y suelta una sonora carcajada.

"Le pedí al resto de mi familia que nos haga la barra: que aliente a Estudiantes porque Hindú es local y va a tener su propia gente –se ríe–. Va a ser muy raro sentarme en el banco visitante en esa cancha y más raro será ver del otro lado a mi hermano. Nunca nos enfrentamos: es la primera vez. Igual, creo que es un partido para disfrutar, no para sufrir", dice Claudio Arrigoni (33), "la Pepita", que heredó el apodo en diminutivo de su hermano y, también, los genes basquetboleros.

Unidos por la sangre y separados por el fixture, los hermanos Arrigoni medirán fuerzas como estrategas. Será a las 21.30, en barrio General Paz, cuando el escolta Hindú reciba al invicto Estudiantes de Río Cuarto, en un juego que incluye la lucha por la punta de la Liga Cordobesa de Básquet y otra curiosa historia familiar: la de los mellizos Ramiro y Álvaro Imaz (33), que también defenderán camisetas opuestas, más allá de tener una rica historia compartida dentro de las canchas.

De gastadas y herencias

"¿Si hicimos apuestas con mi hermano? No. Apuestas no, pero seguro habrá gastadas. Es más: ya me empezaron a llegar mensajitos de texto de chicos que yo dirigía en Hindú deseándome 'suerte'. Y los dirigentes de Hindú, que me vieron nacer, ya me dijeron que durante el partidos nos vamos a desconocer. ¡Ja!", se divierte Claudio, que se mudó a Río Cuarto después de un exitoso paso por el equipo de barrio General Paz.

Cuando recibió la oferta de Estudiantes, "la Pepita" dudó: sentía que era una oportunidad para hacer un cambio que internamente necesitaba y, al mismo tiempo, la conciencia le decía que no podía irse de Hindú sin programar la herencia: dejar su plantel en buenas manos. ¿Y qué mejor que traspasarle la posta a su hermano?

“Marcelo conocía mucho del día a día del equipo, porque vivíamos juntos en la casa de mi vieja. Y dio sus frutos: Hindú llegó otra vez a la final de la Asociación Cordobesa y ahora es el equipo que puede alcanzarnos en la punta de la Liga Cordobesa”, dice Claudio.

"Hindú es el equipo donde tengo mis mejores amigos, aunque no fue fácil tomar la decisión de volver a dirigir. Por ahora, mi prioridad es el trabajo en la Agencia Córdoba Deportes y será difícil que algo que me aleje mientras (Héctor) Campana siga en el Gobierno. Estoy muy comprometido con esa función, aunque el básquet es pasión", dice "la Pepa".

El partido y los elogios

¿Cuánto vale el juego de hoy? Mucho, evidentemente. “Ante Hindú tenemos más por ganar que por perder: si nos llevamos el triunfo, sacamos dos puntos de ventaja y nos alejamos. Sería fundamental. Si perdemos, ellos nos alcanzarían, pero igual seguimos en la punta”, sostiene Claudio.

Para "la Pepa" es un cruce de importancia, pero no lo intuye como determinante: "Los dos clubes queremos ser animadores. La Liga está terriblemente competitiva y hay que estar tranquilo, porque lo importante es llegar lo mejor posible a los playoffs".

Más allá del enfrentamiento, los Arrigoni no dejan de tirarse flores. Para Claudio, "la Pepa" siempre fue su espejo, su ejemplo. "Es un apasionado del básquet, un enfermo. Siempre tomé todos sus consejos. Es muy detallista, muy laburador y compartimos esa esencia de trabajo y de respeto por las personas que tenemos a nuestro lado. Hace unos años dirigimos juntos en Banco y sería un sueño volver a compartir un equipo con él. Lo vamos a hacer, no sé cuándo, pero lo vamos a hacer. Y no me importa si tengo que ser asistente o aguatero", remarca.

Y Marcelo bromea: dice que si Claudio realmente mamó desde chico sus enseñanzas, lo tiene que superar. "Lo lindo es la evolución que Claudio ha tenido. Lee muy bien el juego y es un entrenador que va a dar que hablar. Yo también tengo la ilusión de volver a trabajar juntos. Si en algún momento dejo mi función en la Agencia y vuelvo a dirigir a tiempo completo, seguro que lo elijo a él como asistente". dispara.

Un mellizo de cada lado

Como si fuera un juego de espejos, también habrá dos caras demasiado parecidas, pero con camisetas distintas: Ramiro Imaz, con la celeste de Estudiantes y su mellizo Álvaro, con la amarilla de Hindú. Aun con la distancia, mantienen contacto permanente: hablan por teléfono todos los días, se preguntan por sus familias, sus hijos, y comparten ideas sobre el básquet y sus equipos. Tan bien se llevan los "mellis", que durante el reciente receso de la Liga vacacionaron juntos, con sus esposas e hijos, en Villa Gesell.

De ayer a hoy

Arrancaron en Gimnasia de Pergamino y apenas se vinieron a estudiar a Córdoba desembarcaron en Matienzo: compartieron casi cinco años allí y se distanciaron por primera vez cuando Ramiro se fue a jugar a Catamarca y Álvaro pasó a Banco de Córdoba. Se enfrentaron por primera vez con Ramiro en Banda Norte de Río Cuarto y Álvaro en Alianza Jesús María.

"Aquella vez jugábamos en posiciones distintas y no nos marcamos. Ahora va a ser distinto y parece que nos vamos a tener que defender entre nosotros. Es incómodo enfrentar a un hermano. De eso hablábamos con Javier y Andrés Tuja, que ahora juegan juntos en Hindú pero muchas veces se enfrentaron", dice Álvaro.

Ramiro destaca que siempre fue un placer compartir plantel con su mellizo. "Por ahí nos puteábamos bastante, pero nos encantaba jugar juntos. Y ahora me pone feliz saber que él se siente cómodo en el grupo y que pelean por algo importante. Nosotros también queremos llegar alto: tenemos un equipo largo, sólido y un gran grupo", resalta.

A la hora de bucear anécdotas graciosas, Álvaro dispara doble munición: “Le pedí al hijo más grande de ‘Rami’, que tiene 6 años, que me aliente a mí, que le haga la barra al tío. Me respondió que no puede, porque es de la barrabrava de Estudiantes”, arranca.

La segunda es casi increíble. Así como sobran historias de gemelos o mellizos que se cambiaban a la hora de rendir exámenes o pasar situaciones comprometidas, los Imaz descubrieron las ventajas que otorgan los parecidos físicos en el básquet. "No somos buenos tirando libres, pero sí éramos de tener rachas positivas, así que cuando jugábamos en Matienzo y en Acción Juvenil de Río Cuarto teníamos una fórmula: si le hacían falta al que no andaba derecho, ese se iba silbando bajito hacia la defensa y el otro buscaba la pelota y se paraba para tirar los libres. Lo hicimos varias veces. ¡Y no se daban cuenta!" .

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