Espejitos dakarianos
La gente se fascina no sólo por los autos del Dakar 2010. Por cualquier cosa que brille, que sea rubio y que deslumbre con su aire extranjero.
La rubia de la foto quizá sea muy famosa en su país. Quizá tenga pergaminos incuestionables y tal vez sea una leyenda viviente del Dakar.
Pero en Antofagasta (y en Argentina, también) es una ignota, alguien que no conocemos y que probablemente nunca conoceremos.
La foto de la rubia con la señorita chilena que acompaña esta nota fue tomada en una estación de servicio de Antofagasta, al mediodía del miércoles.
Mientras los pilotos llegaban al campamento, los vehículos que trasladan el apoyo (con mecánicos, preparadores físicos, y demás yerbas) pararon a cargar nafta.
La rubia de la foto bajó de una de las 4x4 y enseguida la gente comenzó a pedirle posar con ella. Y ella, encantada. Nadie sabía quién era, en qué equipo participaba, si corría al menos. No. Niños, niñas, mujeres le pedían por favor una más.
La foto conmueve. Este Dakar es inquietante. Desde que partimos, en Buenos Aires, la fascinación por todo lo que tenga que ver con esta carrera no encuentra explicación.
¿Por qué se sacaría uno una foto con un desconocido? ¿Por su remera colorida, por su color de pelo, por la tonalidad de la piel?
La rubia de la foto posó como, quizá, nunca más lo haga en su vida. Sus ojos parecían dos espejitos de colores, de aquellos que nos ofrecían hace mucho, mucho tiempo.

