Espectáculo de luz y color
Según se anticipa, la pelota de fútbol que se utilizará en el Mundial de Brasil va a ser el elemento tecnológicamente más avanzado que haya tocado jamás una cancha de fútbol, salvo aquel recordado aterrizaje de un ovni en el entretiempo de un clásico entre Huachipato y Universidad de Concepción en 1972, en el estadio municipal de Concepción (partido que no pudo seguir porque los extraterrestres se llevaron a todos los alcanza pelotas, cuyo paradero hasta hoy es incierto).El balón futurista, cuyo prototipo se denomina CTRUS, será semitransparente y dispondrá de luz propia que cambiará según las situaciones del juego (offside, gol, fuera de campo, pifias, uñazos), y grabará la fuerza del golpe y la velocidad que le impriman los pateadores. Dispondrá además de chips que permitirán su localización a través del sistema GPS y el envío de datos a una torre de control. Como si esto no fuera suficiente, no será inflable, sino que su forma perfectamente redondeada será dada por su estructura interna de plástico.
Semejante grado de desarrollo de este balón del futuro elevará sensiblemente los costos de los esféricos hasta hoy cosidos a mano por los pakistaníes, lo que constituirá desde el vamos un severo obstáculo para aquellos que zafan con la clásica pelota de fútbol a la hora de regalar a los chicos de la familia.
“Hay que tener en cuenta que una vez que la CTRUS empiece a rodar, a un pibe no lo vas a conformar con una símil Jabulani. Si le llegás a caer con una lo más seguro es que te la patee al cuerpo”, analiza el experto en estrategias de ventas Juan Carlos Góndola.
Además hay que evaluar que si el niño en cuestión es un precoz paquidermo que se ocupa de tirar pelotas por encima de la tapia (cuando llegue a profesional irán a parar a las tribunas), la recuperación de semejante artilugio técnico será un operativo de vida o muerte para el padre que invirtió su aguinaldo para comprarlo.
“No sé que puede llegar a pasar si una de esas vecinas que acostumbran clavarles Tramontinas a las pelotas que caen en sus patios decide despanzurrar una CTRUS”, especula el especialista. Y ni hablar si el párvulo le mete un puntín, la maravilla tecnológica se va a la calle y le pasa un N1 por encima generando un festival de colores.
"Estamos seguros de que debido a su alto valor, la pelota en muchos casos va a ser vedada a los niños y pasará a cumplir en los hogares una función decorativa (como centro de mesa por ejemplo), ya que además del alto costo desprende llamativos y cambiantes colores como las lámparas de lava. Incluso podría reemplazar a las clásicas bolas mágicas que utilizan las adivinas, y hasta servir para ornamentar arbolitos de Navidad de gran tamaño", asegura Góndola, al avanzar sobre el abanico de posibilidades que ofrecería la CTRUS una vez lanzada al mercado.
Lo cierto es que semejante desarrollo tecnológico ya está sumando un nuevo trastorno de conducta en los argentinos: la negación a haber jugado alguna vez con una pelota de trapo. Según aseguran los sociólogos, quienes adoptan esta postura negadora lo hacen porque temen que sus hijos o nietos adolescentes los miren como neanderthales que cuando no jugaban con ese rústico artilugio artesanal, salían con sus arcos y flechas a cazar algún gliptodonte para la cena.
En el ámbito estrictamente futbolístico, la aparición de estas pelotas inteligentes también traerá grandes cambios. Significará por ejemplo el destierro de aparatos que hasta hoy han sido vitales en las utilerías futboleras, como el inflador, y de actividades tradicionales de los hinchas como el robo de balones cuando caen en las tribunas. “El sistema GPS permitirá localizar al CTRUS aún cuando un simpatizante la lleve disimulada entre sus glúteos”, aseguran desde el Coprosede.
En los umbrales de los pelotazos lumínicos, algunos nostálgicos recordarán la pelota anaranjada con la que Norberto Alonso le hizo dos goles a Boca en la Bombonera en 1986. Dicen que era exhibida en la sede de River hasta que fue robada, precisamente porque a pesar de su carácter innovador todavía no tenía el GPS.
Tiembla el fútbol italianoLas revelaciones de la actriz porno brasileña Aurora Olivera sobre sus encuentros íntimos con buena parte de los jugadores de la primera división italiana generó un estado de alerta y movilización en la liga peninsular.
A razón de un promedio de 25 profesionales por equipo, y con 20 clubes en la liga, se está ante un respetable universo de 500 jugadores, aunque la brasileña no dio números concretos que permitan una aproximación estadística al tema. Olivera tampoco dio nombres, pero si pistas inquietantes: los colores de las camisetas son blanco, negro, azul y rojo (hay sosiego entre los celestes de Napoli y Lazio, los rosa de Palermo y los violetas de Fiorentina), la mayoría son casados, muchos extranjeros y varios juegan en la selección, pero ninguno negro. Después de conocer estos datos, los futbolistas de color de la primera italiana no saben si respirar aliviados o iniciar una querella por discriminación contra la vivaz y polifacética actriz sudamericana.

