Esfuerzo y felicidad
Luis Adrián Rovira aplica el mandamiento inicial que rige para todos los que juegan en la Liga Cordobesa de Fútbol, el que hace un culto al sacrificio.
¿Quién es Luis Rovira? Es el goleador de Deportivo Alberdi, el equipo que junto a Huracán de barrio La France ascendió a Primera División de la Liga Cordobesa de Fútbol. Pudo vérselo festejar en la final al dejar a Los Andes en el camino. Es morocho, delgado y de estatura media.
Suma en la vida los mismos años que acumuló en goles durante la última temporada: 28. Vecino de barrio Residencial Los Robles, soltero, trabajó en plomería junto a su padre, y luego en una maderera y hoy en una empresa metalúrgica.
No es de hablar mucho. Su currículum lo llevó de aquí para allá por la geografía cordobesa. "Debuté en Deportivo Alberdi a los 14 años. Jugué también en Lasallano, Brown de Malagueño, Independiente de Hernando y Avellaneda", dice, en tanto Talleres de Etruria habría manifestado interés en contratarlo en los últimos días..
La palabra sacrificio siempre está presente en él y en cualquier muchacho que juega en los torneo de la Liga. “En el plantel casi todos trabajamos; algunos pocos estudian. Hay albañiles, un policía, y pibes que trabajan en distintas empresas. Es cuestión de salir del trabajo e ir a entrenarme. Lo hice siempre”, comenta.
Rovira relata y ayuda a conocer un poco más el corazón de Deportivo Alberdi: "No cobramos sueldo ni premios. Nos juntamos a la tarde a entrenar. Casi todos los chicos nos hemos criado en el club. Yo, incluso, hasta he sido entrenador de la cuarta división".
Y ante la pregunta sobre la sorpresa de ver a un par de miles de personas en la final ante Los Andes, describe: "Van muchas familias. Casi todos nuestros hinchas son de Alberdi y de Villa Páez. Pero para nosotros esa asistencia no fue ninguna novedad. Cuando jugamos de local van de 700 a 800 hinchas a alentarnos".
Hincha de Talleres, tiene a Carlos Tevez como su referencia en el puesto. Cuenta que junto a sus compañeros de plantel se encarga de recaudar fondos para "comprar pelotas y la ropa de entrenar y jugar".
"Cuando ascendimos recibimos un abrazo y una felicitación. Después fuimos a la cancha. Estaba llena de gente. Todo el mundo festejaba. Yo me conformé con eso", explica Luis, que esperaba recibir alguna recompensa en dinero en la fiesta que los dirigentes realizaron el 9 de enero.
Fue una caricia para un plantel acostumbrado, como todos los de la Liga Cordobesa, a los rigores del esfuerzo permanente.
