Escándalo por espionaje en Barcelona
El club azulgrana vive una crisis por un caso que puede sacudir al fútbol español. El director corporativo de la institución reconoció que contrataron a una agencia para “vigilar” a cuatro directivos.
El director general corporativo del Barcelona, Joan Oliver i Fontanet, ha reconocido que en marzo pasado puso en marcha una "auditoría de seguridad" para "proteger" a cuatro vicepresidentes del club, después de que uno de ellos, Joan Franquesa, tuviera indicios de que estaba siendo seguido.
Oliver ha comparecido ante los medios de comunicación en el Camp Nou después de que \'El Periódico de Catalunya\' publicase hoy que cuatro de los cinco vicepresidentes del club (Joan Boix, Joan Franquesa, Rafael Yuste y Jaume Ferrer) habían sido espiados por la propia entidad.
El máximo ejecutivo económico del Barcelona subrayó que el club catalán en ningún caso "espió" a los vicepresidentes, sino que se trató de una "auditoría de seguridad" que él entiende que es de uso habitual, aunque declinó aclarar si este procedimiento se ha realizado en anteriores ocasiones.
El coste de es auditoría de seguridad fue de 56.000 euros, "un 1% del presupuesto de seguridad del club, que se cifra en 4 millones de euros", aclaró Oliver, quien explicó: "Con esta auditoría se verifican las informaciones que hay en los registros y en los lugares públicos sobre esta persona y se pregunta en determinados ambientes si hay informaciones relevantes sobre ella. No se hace un seguimiento a la persona ni se intervienen teléfonos ni correo".
La cuestión arrancó en marzo cuando el vicepresidente Joan Franquesa, encargado del patrimonio del club, alertó a la entidad de que tenía indicios de que estaba siendo investigado y seguido. A continuación, el director general, que aseguró hoy que el presidente Joan Laporta "nunca" estuvo detrás de este asunto, contrató los servicios de la empresa de seguridad Método 3 para confirmar estas sospechas y extendió la vigilancia a tres vicepresidentes más.
Esta situación ocurrió en el mes en el que el vicepresidente Joan Godall rehusó postularse como delfín de Joan Laporta para las elecciones para la presidencia del FC Barcelona previstas para la primavera del 2010.
Según Oliver, los cuatro vicepresidente a los que se les sometió a un auditoría de seguridad "cobraron una relevancia pública" tras la renuncia de Rodall, ya que los cuatros podían ser candidatos para ser el presidente continuista a partir del 2010.
Oliver, durante la larga comparecencia ante los medios en el Camp Nou, evitó en todo momento utilizar el concepto "espionaje" e insistió en "auditoría de seguridad".
