Empezar de nuevo
Sergio Hernández dejó de ser el director técnico de la selección argentina de básquet. “Me da la sensación de que estoy hablando mucho y luchando poco y eso en la carrera de uno no es bueno”, dijo
Sergio Hernández y la Confederación Argentina rompieron el vínculo que los ligaba desde 2005, cuando "la Oveja" tomó la posta que dejó la salida del más exitoso entrenador del básquetbol nacional: el cordobés Rubén Magnano.
Hernández y Germán Vaccaro, el presidente de la Cabb, se despidieron tirándose flores mutuamente. "Sólo tengo palabras de agradecimiento a la Confederación, por haber confiado en mí", aseguró el actual entrenador de Peñarol de Mar del Plata, mientras que el titular del máximo ente rector le dedicó un "se va por la puerta grande un exitoso entrenador, pero fundamentalmente una maravillosa persona".
Con semejantes elogios bilaterales, cuesta entender por qué no llegaron a un acuerdo para la continuidad de un proceso que, si bien no tuvo el brillo de su antecesor, mantuvo al básquet nacional entre los cinco mejores del mundo.
"Me da la sensación de que estoy hablando mucho y luchando poco y eso en la carrera de uno no es bueno", le dijo Hernández a este periodista en Turquía, pocos después de finalizar la actuación argentina en el Mundial. Era un mensaje por demás claro de que el DT, cuyo contrato finalizó en ese torneo, no tenía "pilas" para mucho más, aunque íntimamente tenía un deseo: despedirse con la "generación dorada" en Londres 2012.
Pero en la Cabb pretenden mirar más allá del cierre de una camada excepcional. En la idea de comenzar la necesaria y natural renovación del equipo nacional, los dos años que anhelaba Hernández no encajaban. Es hora de empezar todo de nuevo, algo que “la Oveja” no estaba dispuesto a asumir.

